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Iraqi short films, activismo online y material encontrado Una charla con Mauro Andrizzi, director del documental sobre la guerra de Irak estrenada hace unos meses en el Malba ("la primera película de la era Youtube", según un diario), y algunas reflexiones sobre las posibilidades que ofrece hoy en día el "documental de observación". por ,
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Buenos Aires - Baghdad Entrevista por Carlos Gradin Me encuentro con Mauro Andrizzi en la penumbra del bar Guntin. Voy a entrevistarlo como director de la película Iraqi short films, que fue estrenada hace unos meses en el MALBA y descripta en los diarios como “la primera película de la era Youtube”. Andrizzi dice que está empezando un curso sobre JAVA, el lenguaje de programación popular en la web por su ethos cosmopolita, que le permite trasladarse a través de distintos tipos de computadoras y sistemas. Estamos sentados en el bar más elegante de Once, y los pausados relatos de Andrizzi cobran un aire irreal. Lo mismo que sucede, justamente, con los videos de guerra en su película, demasiado parecidos a las sarcásticas visiones de Vietnam filmadas por Coppola o Kubrick. — ¿Por qué el interés en la Guerra de Irak? — Tiene que ver con la zona geográfica: Irak, Medio Oriente. Yo siempre tuve muchísima curiosidad por esa zona. Desde muy chico me pareció muy exótica. Empecé a investigar y a leer, más que nada sobre la historia cultural, que es riquísima. “A partir del 2000, con el boom mediático del terrorismo, me empecé a interesar por el fenómeno, en relación a las implicancias que supuestamente tenían los servicios secretos en estos atentados, a través de la manipulación de células islamistas. Entonces, me pareció una cuestión política interesante para leer y consultar. Estuve chusmeando mucho. Estaba bastante fanatizado con el tema, y en el 2001 con las Torres Gemelas se puso en evidencia todo lo que había visto el año anterior. Porque más allá de esas teorías de paranoia y conspiración, se me mezcló todo lo anterior en algo como una historia, una ficción super-interesante. Así que empecé a indagar, y a escribir algo de ficción infilmable con eso. Más que nada cuestiones políticas, sobre cómo se mezclan lo que sabemos culturalmente de Medio Oriente, y de ciertas dictaduras políticas que hay allá, con alguna ficción extrañada, metiendo algo de Lovecraft." — ¿Hay algo de biográfico en todo esto? — Empezó como un interés cultural y después político. Pensaba en Friedkin (director de El Exorcista) que ubica el origen del mal justamente en la civilización babilónica. Los proyecto anteriores de Andrizzi tienden a rehuír los géneros. Mono, en co-autoría con Mariano Goldgrob, registraba las presentaciones en vivo de trece bandas de la escena emergente de rock post-Cromañón. Para cada tema, un único plano secuencia, sin más relato que la misma música y las peripecias de la cámara, junto a una breve historia de amor intercalada a intervalos, desde escenarios naturales como la laguna de Chascomús. En un corto filmado en un museo Viena, Andrizzi filmaba obras de Caravaggio con una cámara de turista, mientras acercaba a la lente un imán que iba distorsionando la imagen hasta volvera irreconocible. En Iraqi short films, hecha a partir de videos hallados en Internet, reaparecen las tomas de baja calidad, a veces provenientes de teléfonos celulares, en manos de camarógrafos amateurs. También, la decisión de dejar fluir las imágenes para que hablen por sí mismas. Aunque la idea de un testimonio transparente de los hechos pareciera llevada al límite, como si un imán deformara la lente de todas las cámaras conectadas a Internet. a
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— ¿Qué son estos videos? ¿De dónde vienen? — Los de la resistencia islamista, son en su mayoría propaganda y puesta en escena, más allá de su contenido de realidad cruda y dura. Por ejemplo, el primero que encontré era el de unos somalíes de Al-Shabab, que es un grupo militante islámico que hace un par de años tomó el poder. Estaba chusmeando cómo habían avanzado las tropas de Al-Shabab y habían tomado todo el país, que no tiene gobierno central, con una intervención de la ONU. Y se mostraba en los videos que ellos habían filmado cómo con lanzagranadas derribaban aviones viejísimos de la Unión Africana, que estaban patrullando. Y me parecieron super cinematográficos. Los encontré navegando por sitios de la insurgencia somalí, pero que siempre eran de texto que no podía entender, porque están en somalí, ni siquiera en árabe. — ¿Cómo hacías para navegar por esos sitios? — Miraba el diseño, las fotos de ataques, algún videíto colgado. Quizás no era tan cinematográfico como volar un avión con un misil, pero estaban los famosos videos en los que fusilan con un tiro en la cabeza a un tipo. "Del texto no podía capturar nada, pero sí me iba a los links que tenía esa página. De ahí descubría otras diez o doce más, que estaban linkeadas en árabe. Entonces, a partir de una amiga que estaba estudiando en una iglesia de curas libaneses en la calle Paraguay, me metí a estudiar árabe. No con la esperanza de aprender, que es casi imposible, pero para ver si conocía a alguien más o menos piola, joven, que me diera una mano con este proyecto." En la iglesia, le dijeron a Andrizzi que hablara con el jardinero. Era un iraquí, de los cuatro que componen la comunidad de emigrados en Buenos Aires. Había peleado en la primera Guerra del Golfo, y llegado a la Argentina hace dos años, luego de perder a tres de sus hermanos en los conflictos de la región. Durante varios meses, se reunió con Andrizzi frente a la computadora para que éste le mostrara los videos que había logrado descargar, en sus recorridas nocturnas por los foros y sitios web de los grupos insurgentes. Con su ayuda, pudo reconstruir la información que acompañaba las imágenes, en forma de zócalos y placas de texto que informaban sobre las fechas, lugares y grupos que se adjudicaban las operaciones. Durante seis meses, Andrizzi navegó la web en busca de los videos. Su contenido hacía que fueran removidos por las autoridades, por lo que debía apurarse a descargarlos antes de que desaparecieran. Una tarea meticulosa, alejada de la imagen idílica del usuario copiando y pegando videos a su gusto, que parecía insinuar el mote de “película de la era YouTube”. — ¿Quiénes manejaban estos sitios web? — Oficinas, productoras de los mismos grupos insurgentes que se manejan por un interés económico claro. Por cometer un atentado te pagan, por organizar un atentado, o por hacer vigilancia te pagan. La idea de que solo hay el interés de una gran patria islámica está, pero también hay muchos más intereses en juego, como en toda guerra. Entonces, tienen sus oficinas de post-producción y de propaganda. Si sos la guerrilla X y demostrás que hiciste veinte atentados vas a recibir más guita de los príncipes saudíes, más apoyo, vas a reclutar más miembros. Cada video tiene su loguito. El más famoso es el Ejército Islámico de Irak, que tiene un zócalo introductorio y una música, con su propio versículo elegido del Corán, y así es cómo se presentan en las páginas. Pero estos grupos suben y bajan los sitios, porque te pueden detectar, aunque ahora están estos famosos sistemas de “cebolla”, que van enmascarando las IP para que no se sepa de dónde vienen las páginas, retransmitiendo todo a través de servidores centenares de veces. Pero había que bajar todos los videos lo más rápido posible porque aunque los volvieran a subir, después encontrarlos era azar puro. En su larga peregrinación por la web, Mauro Andrizzi descubrió un mundo de películas caseras. Detonaciones de tanques, explosiones en la ruta y aviones envueltos en humo, cuyas imágenes circulan como una forma de panfleto o arenga audiovisual. Pero Andrizzi menciona otro origen de su interés por la Guerra. En la red encontró un caldo de teorías conspirativas y oscuras informaciones difundiéndose con la velocidad de los virus. Foros de usuarios que suben imágenes y textos, en interminables discusiones donde los datos declinan poco a poco en ficción. a
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Mientras investigaba para su película, Andrizzi conoció la historia de John Titor. El personaje tuvo su momento de fama en 2000 y 2001, a partir de sus intervenciones en ciertos foros de Internet. “el hombre que venía del futuro”, como se lo llamaba, aseguraba en sus mensajes haber llegado desde el año 2036 en una máquina del tiempo, y daba abundantes detalles que sostenían su afirmación. En las discusiones, Titor describía la misión para la que había sido enviado como soldado estadounidense, e incluía pronósticos sobre una próxima guerra civil en Estados Unidos. Agregaba también fundamentos de física cuántica que apoyaban su historia, y que generaron un furor de debate en los foros de Internet, donde la polémica se prolongó durante años, y es probable que aún siga escribiéndose. Algo de esa historia se trasluce en Iraqi short films, cuando las imágenes parecen pasar del documental a la ficción, y hasta la ciencia ficción. Andrizzi cuenta que fantaseó con incluir en su película otros videos, además de los relativos a la Guerra de Irak, en los que se muestra un costado casi onírico de Medio Oriente, como suele llamarla, esa “gran ficción de Occidente”. En la red descubrió los videos promocionales de las inversiones inmobiliaras en Dubai, donde funcionan los consorcios constructores más poderosos del mundo. Un paisaje majestuoso de ciudades de rascacielos e islas artificiales, construidas por las grandes fortunas petroleras, como escenarios naturales de clásicos del cyberpunk como Blade Runner. Decidido a centrar la película en la Guerra de Irak, liveleak.com fue su otra fuente importante de videos. Andrizzi trabaja en la organización del Festival de Cine de Mar del Plata, y en uno de sus viajes, en Copenhague, conoció al director del sitio, que le cedió material inédito o censurado. Creada en 2006, liveleak.com es una página a la que los usuarios suben sus videos y comentarios, como en una suerte de YouTube político, que se hizo famoso en 2007 cuando publicó las primeras imágenes de la ejecución de Saddam Hussein. Desde entonces, ofrece material subido por soldados norteamericanos en los frentes de batalla de Irak y Afganistán, mientras resiste los avances legales de los gobiernos para censurarlo. Además, liveleak.com distribuye ese nuevo género de películas nacido de la revolución tecnológica, que habilitó el auge del mash-up, es decir, la combinación de música e imágenes publicadas en la red, para crear nuevas obras. Esta edición barata de imágenes generó fenómenos como la película Zeitgeist, que describe la caída de las Torres Gemelas como un auto-atentado, pero también las sospechas extendidas de que las agencias de seguridad de Europa y Estados Unidos liberan videos similares en la red, con datos falsos sobre la guerra para desprestigiar la labor de los activistas. Por este campo minado transita Iraqi short films, consciente de que la verdad que transmiten sus imágenes está lejos de ser, a la vez, un testimonio transparente: — En Iraqi... el material no está compilado, sino manipulado – dice Andrizzi -. Por eso para mí no es ni documental, ni ficción, aunque esos rótulos son ridículos. En esa manipulación dejan de ser ciertas muchas cosas. Nosotros sacamos contraplanos, lo que en definitiva da vuelta el contenido político del video. Si te ponés setentista, estás mintiendo, mentís con el discurso. Pero en una película así no creo que la ética pase por ver si manipulaste los videos o no, sino por el fin último de mostrar que la guerra es una mierda imposible, horrible, y que lo mejor es que no exista en el mundo. La película es un alegato político, sin duda. Políticamente correcto, si querés. Todas las escenas de Iraqi short films fueron alteradas, dice Andrizzi, que además hace hincapié en las dos personas que lo ayudaron a completar la producción, Francisco Vazquez Murillo y Pepo Razzari. Sin duda es sintomático que su tarea haya consistido en ayudarlo a volver presentables los videos, a convertirlos en un relato cinematográfico. Razzari tradujo a un formato standard la selva de películas codificadas en normas desconocidas, una labor de arqueología digital. Y Murillo hizo la edición del sonido, que lo volvió audible en muchos casos, y lo modificó por completo en otros, reemplazando los monótonos rezos islámicos por canciones de guerra jihaidistas bajadas de la red. Nadie lo descubrió, dice Andrizzi, ni siquiera en Teherán, pero la placa inicial de la película, con su detallado racconto histórico de la situación en Irak, incluía datos precisos pero también cifras inventadas. Un guiño, tal vez, una marca de agua para dejar asentada la participación de Iraqi short films en el enrarecido campo de los medio de comunicación en la era de su proliferación digital. a
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En 1932, Luis Buñuel presentaba su película Tierra sin pan. El documental sobre la pobreza en un pueblo de Extremadura, era acusado de haber manipulado las escenas, para acentuar el atraso de los campesinos. En cierta forma, Walter Benjamin abordó el dilema cuando situó la tarea del crítico en esa zona de tensión tal vez irresoluble, que imaginaba en “Un libro cuya ilimitada fuerza satírica sólo tuviera su igual en la fuerza de su objetividad.” Es decir, un libro en el que lo real, con su carga de ironía apareciera presentado de la manera más transparente y expresiva en sí misma, una idea cuyos ecos resuenan en la famosa frase con la que William Burroughs tituló su Almuerzo desnudo. En sus palabras, ese “instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores”. Pero Benjamin se ocupaba de desdecirse, para matizar su apego a los hechos y afirmar, histriónico, que “La ’objetividad’ deberá sacrificarse siempre al espíritu de partido cuando la causa por la cual se combate merezca realmente la pena”. Disquisiciones que, sin duda, sobrevuelan Iraqi short films, con sus videos de suspenso y acción en el frente de batalla, pero a su vez expurgados de las imágenes más cruentas y obscenas, para dar testimonio de un hecho histórico tanto como de la densa capa de intereses, mediaciones y relatos que lo separan de cualquier espectador.
“Soy un freak de Facebook”, confiesa Andrizzi. Cae la tarde y apago el grabador, mientras se encienden las marquesinas de avenida Rivadavia. Mantener una charla sobre insurgencia islámica y campañas de contrainformación en Internet, desde un viejo café de Buenos Aires, sin duda tiene un aire a ficción de la era global. Mientras pedimos la cuenta, el mozo no sospecha de las distancias evocadas en la mesa, y Andrizzi me describe el circuito que recorrió junto a Iraqi short films: del Centro Pompidou en Paris a la campaña presidencial de Barack Obama, hasta un festival de cine en Irán, donde prefirió rechazar la invitación a una charla-debate organizada por Hamas. Antes de irnos, me cuenta de sus planes para el futuro. Una road movie “tradicional” en la Triple Frontera, que se enrarece con los eternos rumores de células de terrorismo islámico operando en la zona. En su página de Facebook, estuvo subiendo videos iraníes sobre las revueltas en las últimas elecciones, algunos provenientes de la red y otros inéditos, que le pasaron sus contactos en el país. Ahora, prepara un memorial on-line de las protestas contra el régimen junto al director alemán Romuald Karmakar. También, se alista a concluir el ciclo de presentaciones de Iraqi short films, con su idea de devolver a la red lo que extrajo de ella, liberando la película para permitir que evolucione en manos de usuarios anónimos, que la remixen y mashapeen a su gusto. Mientras escribo esta nota, leo la última novela de William Gibson, uno de los creadores de la ciencia ficción cyberpunk. Pero su historia ya no transcurre en el futuro, sino en la trama de intereses corporativos, publicitarios y de grupos de fans desatado por la aparición de los fragmentos de una película anónima en Internet. Puede sonar desubicado, frente a las dramáticas secuencias de la guerra recopiladas por Iraqi short films, pero se hace difícil no pensarla también como un registro de los tiempos. La obra de arte en la época en que un director de cine de Buenos Aires puede filmar películas sobre la Guerra de Irak, con solo animarse a pasear por algunos de los foros más activos de la red. Ir a "Buenos Aires - Bagdad" de Carlos Gradin
Sonrío, me estoy filmando. por Julián d’Angiolillo “Ahora la ropa saca fotos” - alcanzo a leer gracias al virtuoso que lucha por mantener el diario La Razón abierto en el pogo del vagón del Subte C. “Un grupo de científicos logró desarrollar “tejidos inteligentes que son capaces de sacar fotos del entorno”. (…) Esas fibras, tejidas en red, actúan como una cámara flexible y, unidas a un equipo, podrían proporcionar información sobre una pequeña pantalla conectada a una visera, para que quien use esa prenda tenga mayor conciencia de su entorno.” Imaginar esta prótesis visual en el contexto de un viaje en subterráneo a Constitución se presenta como una tarea tan gratuita como el diario que la propone. Mientras los pattern de las remeras traspiradas se estampan unos a otros entre marcas, dejando huellas de correas de mochila en la piel: ¿Quién quisiera obtener conciencia extra en un tumulto como éste? La Razón. Esta inquietud recurrente de plasmar la experiencia de la percepción de un viaje en una forma narrativa lo más perfectamente acabada posible. A pesar del estigma, el auge de los relatos corales y las masas de información producidas por las redes sociales generaron la angustiante y liberadora hipótesis de que la subjetividad no alcanza. Una sensación parecida a la que expresa Gombrowicz en su diario de viaje por el río Paraná: “Me levanté otra vez en la noche por no poder soportar que él, el barco, navegase sin mí, cuando no estoy con él y no tengo conciencia de que navega como navega.” Con las tecnologías actuales y por muy poco dinero, podríamos ofrecerle al noble señor una cámara en la proa del barco con un circuito cerrado dirigido a un monitor en su camarote para ayudarlo a conciliar su sueño mirando hipnóticamente como el barco avanza en el río. a
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En la vigila subterránea, mientras tanto, continúa la nota de La Razón:“Es la primera vez que alguien demuestra que un solo plano de fibras puede recoger imágenes de una cámara pero sin un objetivo” – dijo Yoel Fink, director del proyecto. Y agregó: “En lugar de un pequeño y sensible objeto para capturar imágenes, vamos a construir un gran sistema distribuido”. El equipo de expertos creó un modelo de sensores que podrían resultar útiles en tejidos inteligentes para soldados o para aquellos que trabajen en ambientes hostiles, justamente para ser más conscientes de lo que pasa a su alrededor”. La disolución del objetivo derretido en la ropa que llevamos sobre el cuerpo no sólo permite fantasear con mirar sin los ojos sino con disociar la visión de los dominios jurisdiccionales de la cabeza de una vez y para siempre. Algo que será sumamente confortable para leer el diario viajando en hora pico en el subte C. A través del sobaco, así continuamos la tradición porteña para el traslado del diario en la vía pública y de paso cañazo le damos un toque local a la globalización tecnológica.
Con este aporte científico, ¿qué le quedará para ofrecer al llamado “documental de observación” frente a los futuros trajes para camarógrafos sin cabeza? Un catálogo de ejemplos posibles pueden inferirse en el trabajo de investigación realizado por Mauro Andrizzi en su película “Iraqui Short Films”, editada en su integridad con material encontrado en la web capturado por soldados del Ejercito de Ocupación de E.E.U.U e Inglaterra, y el capturado por las milicias iraquíes para divulgar sus logros en la guerra santa. Los occidentales, a pesar de no estar autorizados a filmar la guerra, lo hacen generalmente subjetivando la cámara o directamente haciendo coincidir su punto de vista con el del arma o vehículo que conducen –haciendo de la acción bélica una intención previsible, al menos en lo que respecta a términos visuales-; cuando no se dedican a matar, o matar el tiempo filmando video-clips paródicos haciendo playback en homenaje a la idiosincrasia pop que los bautizó, envueltos en una camaradería sexual de colonia de vacaciones. Por el contrario, los milicianos árabes siempre están ocultos en un lugar cuidadosamente seleccionado, desde donde contemplan la acción gracias al zoom y los teleobjetivos. El suspenso está asegurado, sólo ellos saben desde donde se lanzará el ataque o la ubicación territorial de la mina (a excepción de las versiones donde se exalta el heroísmo del miliciano cuando introduce previamente un explosivo). En la esquina del cuadro el escudo distintivo de cada milicia estampado en colores chillones, voces en off y a veces, canciones islámicas a capella. Los subtitulos preguntan una y otra vez: ¿Adónde fueron los días de paz? ¿Dónde están ahora? a
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Como metodología, el llamado found footage o recolección de material previamente existente, permite que el guión se escriba después de la aparición del material, una inversión que celebra que las películas se filmen antes de ser escritas. Al principio no se piensan oraciones narrando situaciones y personajes, sino un puñado de palabras ingresadas a un buscador de Internet. Las imágenes capturadas por soldados y milicianos no fueron encontradas por su entidad y especificidad como imágenes sino como asociación a palabras. Al respecto, el cineasta Heinz Emigholz reflexiona: “En esa lógica, la imagen se transforma en un estereotipo, en una cita o en pura cháchara. Es bajo esa apariencia como logra su defensa contextual más exitosa. En un mundo en el que todos los links están caracterizados por las palabras, lo mejor es transformarse también, en una palabra.” La nueva composición del material encontrado gracias a las palabras se ordena en la película de manera que les devuelve prioridad a sus atributos iniciales como imágenes. Recientemente proyectada en la pequeña librería Cobra de Caballito, la película “The end of a system of things” de Henning Lundkvist, elabora un gran collage a partir de películas del denominado cine catástrofe (sea un sisma provocado por la naturaleza o la ciencia: de la bomba nuclear al anthrax). Lo llamativo de esta recolección es el vacío cronológico histórico de producción de parte de los grandes estudios de E.E.U.U., desde la pos-guerra hasta los años recientes, en los que se retomó el género con películas como “El día después de mañana” cuya escena en la que se inunda Nueva York en 3D combina muy bien con una escena análoga filmada en una maqueta en los años ´50. Las calles vistas desde arriba en la distancia, donde el tráfico se funde en un enjambre como un hormiguero escapando del agua. a
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Cambio de escala: La imagen está enmarcada en el parabrisas de un vehículo del Ejército de ocupación de E.E.U.U. El escenario, una zona urbanizada de Iraq. Nada parecería fuera de lo normal a no ser por los movimientos del vehículo adonde está aferrada la cámara. La velocidad resultante del bit rate en tiempo irreal nos regala una sucesión de obstáculos civiles, que cruzan la calle de un lado a otro. La altura es mayor a la media de los autos que son sucesivamente empujados para que abran el paso a la manera de los autitos chocadores de un parque de diversiones. ¿En qué clase de bólido nos encontramos? ¿Porqué esta urgencia de ambulancia que nunca salvará una vida? Su aparente omnipotencia se demuestra menos en la escasa referencia del parabrisas para adentro (el marco del encuadre propiamente dicho) que en las reacciones o miradas que devuelven los transeúntes a la cámara y los actos reflejo de los conductores que desvían sus coches en defensa propia. ¿Es un tanque, un camión o un traje? Es más que seguro que el prototipo del anunciado Traje Óptico de La Razón se use primero en una guerra en Oriente que en una misión a Marte. ¿Esta percepción visual amplificada de la medida humana no se acercará más a un vaciamiento de personalidad que al registro observacional de un documental? Un traje bajo la brujería Christine, aquella película en la que un Plymouth rojo poseía a sus conductores para cumplir a su antojo sus propios fines nada pacíficos. Pero en este caso la voluntad de conductor y vehículo es la misma. Acelerar. Un visible embotellamiento motiva al bólido a volantear atravesando los cordones del boulevard hasta la calle vecina donde obligará a todo el carril que viene en contramano a reacomodarse a su paso. Acelerar: “Banquina, para llegar a tiempo y que no se enfríe la comida” indican los subtítulos insertos en un video casero posteado en la web realizado por un motociclista vernáculo. Las carreras o picadas locales en el tramo recto de 20 km de autopista entre Ezeiza, Tristán Suarez y Cañuelas alcanzaron celebridad gracias a estos videos. Llegando a velocidades de 300 km/h, la cámara viaja sobre el tanque de nafta apuntando hacia adelante, de modo que encuadre el camino y, lo más importante, el velocímetro de la moto cuyo valor puede ascender a 25.000 dólares. El video queda como registro en la web, enlazado a los foros de la comunidad motoquera, donde son permanentemente consultados para dar rienda suelta a acalorados debates sobre áreas relativas a lo que podríamos denominar experiencia psico-físiológica motoquera, discusiones perfectamente intercambiables con los foros porno (“El empuje que tienen esos bichos, el tronar de los escapes… ¡La sensación es orgásmica! Más lindo que comer el pollo con la mano”- esclarece un comentario de metalheart1). Una intensa campaña de Clarín, el tío de La Razón, difundió este video, que a pesar de llevar más de un año posteado, condensa una enciclopedia de infracciones posibles dignas de repudiar. “Reconozco que andamos ligero pero somos responsables. Ahora vamos a frenar un poco hasta que se calmen los controles” – reconoció un motociclista que, dado el desempeño de radares en la autopista, tuvo que pagar $400 para correr en el Autódromo. En su declaración, el futuro reincidente tiene claro que correr en la pista no es homologable a correr en la autopista. La campaña motivó que el usuario privatizara el acceso al video para que en pocos días después reapareciera subido por otro con el título de “Escrache de ´Paseo de sábado´”. Con el nuevo título cambió totalmente el sentido del final del video en el que siete motociclistas rodean un auto para desviarlo a la banquina. Donde anteriormente a los usuarios motoqueros les importaba el efecto físico de la toma, ahora sólo interesa el significado legible de la imagen, en tanto evidencia una infracción. Si los trajes de los motociclistas cuestan alrededor de 1500 dólares ¿Cuánto costará el prototipo del Traje Óptico? No llega a develarse este dato en la nota de La Razón, que se refugia finalmente en el sobaco de su usuario al abrirse las puertas del vagón detenido. Constitución. El tumulto se descomprime, me despego la remera y la agito intentando que el aire vuelva a circular entremedio de la ropa y la piel. Final del recorrido. ,
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