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Joseph Kosuth, tres (con)textos
Selección de textos de Joseph Kosuth inéditos en español, elegidos y prologados por Fernando Sucari.
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Selección de textos de Joseph Kosuth inéditos en español, elegidos y prologados por Fernando Sucari.
Si estamos interesados en indagar en ese cada vez más amplio árbol que constituye la genealogía conceptual (que suele recibir su partida de nacimiento en Duchamp y la mayoría de edad alrededor de los últimos sesentas y primeros setentas, pero que hoy por hoy sigue estando en boca y obra de los artistas) es altamente probable que en algún momento vayamos a parar a tierras norteamericanas. A partir del Pop, con Jasper Johns, Robert Rauschenberg y Andy Warhol, por mencionar sólo algunos, incontables artistas norteamericanos pensaron y produjeron a partir de Duchamp. Unos años después, con el Minimal Art, Conceptual Art, Idea Art y demás nomenclaturas que recibían -y alentaban- las nuevas realizaciones, artistas como Mel Bochner, Sol LeWitt, Dan Graham, Lawerence Weiner y muchos más, se ocupaban de cimentar una nueva escena artística que, de nuevo, revisitaba al francés. En este nuevo desplazamiento en el tablero artístico -histórico-, uno de los papeles más activos estuvo a cargo de Joseph Kosuth, asumido con una obra presente en las más recordadas -e incipientes- muestras conceptuales y con una producción escrita que marchaba, más que paralela, adyacente a sus presentaciones artísticas. Puede ser que Kosuth sea, junto con los editores-artistas-escritores de la revista británica Art & Language, uno de los autores que más fuerte buscaron pisar con su producción escrita. Quizá porque uno de los argumentos principales de su producción era el de que las obras de arte eran una proposición analítica (y aquí, saludemos a Wittgenstein, la otra fuente, además de la tradición artística heredera de Duchamp), con lo cual, escribir sobre arte y usar el lenguaje como material para las obras era la apuesta plena de Kosuth.
No le faltan polémicas a las ideas que se pusieron en juego (por obra de Kosuth, por otros) durante estos años. No le conciernen a esta introducción. Lo que buscamos en este artículo es dar a conocer -en español- algunos de esos artículos que publicó Joseph Kosuth a lo largo de los años. Una simple tarea de divulgación... ¿o no?
La denominación conceptualismo podemos verla aplicada a diestra y siniestra; entonces, mirar de cerca la palabra, indagar en el arduo entramado histórico y geográfico que la constituye es como salir a patinar sobre un lago congelado de kilómetros de profundidad. Bienaventurado el que se le anime a una telaraña que siempre parece continuar más allá del horizonte y que no deja de arrojarnos a la cara la cuestión de su actualidad.
En el muy interesante número 82 de la revista ramona dedicado al conceptualismo latinoamericano se hacen numerosas alusiones al "conceptualismo anglosajón" y se establecen profusamente comparaciones y puestas en perspectiva. Pues bien, ¿qué es el conceptualismo anglosajón? El de Joseph Kosuth y Art & Language, sobre todo.
El libro Art after Philosophy and after, del que sacamos estos textos, contiene también otra considerable cantidad de escritos del artista que abarca más de diez años de su producción. Puede consultarse (en inglés) en la biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes.
El texto fundacional del artista (que podemos encontrar en el mencionado libro) es Art after Philosophy publicado en Studio International en 1969 y que expone las bases de su trabajo en esos primeros años conceptuales. Es ahí donde debe buscarse el tótem Kosuth (y su lectura e interpretación de Wittgenstein y Duchamp). Hay una edición en español (La idea como arte. Documentos sobre arte conceptual, Gregory Battcock (ed.), Gustavo Gilli, Colección Punto y línea, Barcelona, 1973) e incluso puede encontrarse en internet en nuestro idioma. Quizá el otro gran texto kosuthiano es The artist as anthropolgyst, donde él mismo revisa sus ideas previas y propone un nuevo modelo de encarar la actividad artística. Es un texto que no hemos encontrado en español, pero que tiene una extensión que supera el alcance de esta revista.
De los textos elegidos en esta ocasión, nada más que una breve contextualización. "Painting versus Art versus Culture..." es una conferencia que Kosuth leyó en la Universidad de Chile, en el Cleveland Art Institute y en el Coventry College of Art, Inglaterra, en 1971. Como podemos rápidamente ver desde el agresivo título, Kosuth expone sus pensamientos sobre "la pintura" y, en este sentido, quizá sea bueno repasar, más de treinta años después, el contexto, el marco teórico, histórico y geográfico en el que se usa la denominación. Introductory Note to Art - Language... fue publicado en la revista Art & Language en febrero de 1970. Kosuth fue el editor en Estados Unidos de la revista británica y ésta fue su primera colaboración. A short note: Art, Education and Linguistic Change es un artículo que publicó la revista The Utterer (editada por la School of Visual Arts de Nueva York) en abril de 1970.
Dada la importancia que tiene el conceptualismo como, entre otras cosas, creador de herramientas que luego han sido reutilizadas, revisadas y amplificadas, quizá vale la pena retroceder y revisar las intenciones que tenía esa generación. ¿Cuánto nos puede decir la herencia conceptual sobre el presente del mundo del arte? ¿Cuál es la pintura a la que se refiere Kosuth? ¿Cómo se lee esta historia desde otra historia, la latinoamericana, y la argentina en particular en nuestro caso? Creo que eso escapa al análisis que se puede hacer en esta introducción, prefiero dejarlo a criterio del lector, que sabrá el grado de utilidad -de actualidad, de importancia- que le puede reportar a su interés particular en la historia del arte del siglo pasado.
Textos
Leer Nota introductoria del editor estadounidense a la revista Art-Language Leer Arte vs cultura vs pintura... Leer Breves apuntes: arte, educación y variación lingüística
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Nota introductoria a la revista Art-Language, por su editor estadounidense
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Traducción: Claudio Iglesias
Puede decirse que las prácticas artísticas en los Estados Unidos reportan hoy en día tres campos de fuerza. Para los fines de esta discusión, los llamaré "estético", "reactivo/reaccionario" y "conceptual". El arte estético o formalista está directamente asociado con un grupo de artistas y críticos que trabajan en la Costa Este de Estados Unidos, con seguidores en Inglaterra. La concepción de lo artístico que manejan, sin embargo, trasciende los límites de este grupo de personas: es, de hecho, la noción más difundida del arte, la que sostiene la mayor parte del público lego. Es la idea, como la enuncia Clement Greenberg, de que "los juicios estéticos están dados y contenidos en la experiencia inmediata del arte". Los promotores del arte formalista coinciden con esta aproximación, pero no llegan a ella a partir de la reflexión o el pensamiento. Los juicios estéticos, además, son involuntarios: es imposible elegir que una obra de arte "guste" o no, como es imposible decidir que el gusto del azúcar sea dulce, o el del limón agrio.
En términos de arte, entonces, las obras (pinturas o esculturas) aparecen como un mero tema de conversación mudo frente al discurso crítico. El rol del artista no es diferente al del asistente del maestro de tiro, lanzando al aire platos de cerámica para que este los use como blanco. Esto ocurre porque lo estético tiene que ver necesariamente con inclinaciones de opinión y sensibilidad, y desde el momento en que la experiencia es inmediata, el arte se convierte en un mera plataforma para el golpe perceptivo, que se pone en paralelo y sale a competir con las fuentes naturales de la experiencia, visual y de otro tipo. El artista es obliterado de la "práctica artística" en el sentido de que funge meramente como el carpintero del enunciado artístico, sin tomar parte en el involucramiento conceptual (en el que el crítico funciona naturalmente) de "construir" proposiciones estéticas. Si a la estética incumbe la discusión sobre lo perceptual y si el artista sólo se involucra en la construcción del estimulante sensible, entonces se maneja dentro del concepto de la "estética como arte" y no se compromete en la formación de conceptos. En la medida en que las experiencias visuales, es decir estéticas, pueden existir independientemente del arte, lo artístico del arte formalista es exactamente esa discusión o puesta en debate de los conceptos, como se ve en el funcionamiento de un predicado particular en una proposición artística. Para decirlo nuevamente: el único modo en que la pintura o la escultura entendidas en términos de estética pueden funcionar en tanto que arte es el abordaje, o el cuestionamiento, de su presentación en el contexto de un enunciado artístico. Sin esa discusión, es "estética" pura y simple. Que sólo se convierte en "arte" cuando ingresa en el ámbito de un contexto artístico (como cualquier otro material usado en ese contexto) (1).
Una discusión de lo que llamo "arte reactivo" deberá ser, aquí, necesariamente breve y simplista. En gran medida, esta tendencia se compone de los retazos de las ideas sobre el arte del siglo XX: referencias cruzadas, "evolución", pseudo-historicidad, "culto de la personalidad" y así siguienddo. Una serie de acciones ciegas, movidas sobre todo por la angustia (2).
Parcialmente, esto puede explicarse mediante lo que llamo los procedimientos artísticos del "cómo" y el "porqué". El "porqué" refiere a ideas artísticas, mientras el "cómo" remite a los elementos formales y materiales utilizados en el enunciado estético (o, como los llamo en mi propia obra, su forma de presentación). Mucha gente sin interés ni capacidad de concebir ideas del arte (es decir, de desarrollar una investigación sobre la naturaleza del arte) utiliza nociones como "autoexpresión" y "experiencia visual" para proveerse de un porqué como marco de trabajo que, sin embargo, se inspira básicamente en un "cómo".
Pero las obras que hacen hincapié en el cómo sólo conducen a una reacción superficial y necesariamente gestual frente a una determinada y particular elección formal, entre muchas posibles. Asimismo, semejante negación (o ignorancia) de la matriz conceptual del arte (su porqué) necesariamente culmina en una conclusión antropocéntrica o primitivista acerca de "prioridades artísticas" (3).
El artista del "cómo" confunde el arte con la artesanía, y subsiguientemente considera que la actividad artística es una respuesta a la pregunta "cómo construir". Su marco de referencia es un relato histórico externo, que sólo toma en cuenta las premisas de prácticas artísticas del pasado. Este ímpetu reaccionario nos ha legado una suerte de inflación artística involucionada.
En una palabra, la única diferencia real entre los artistas reactivos y los formalistas consiste en que los últimos creen que la práctica artística consiste en seguir de cerca la tradición del "cómo", mientras los reactivos creen que consiste en una interpretación "abierta" (y una subsiguiente reacción contra) el "cómo", no de la larga tradición del cómo, sino de la corta, directamente precedente, forma de construir. Pero las dos lecturas del "cómo", de formas más o menos sofisticadas, se limitan a problematizar características morfológicas, más que aspectos funcionales, de los enunciados de arte.
Enunciados artísticos que los periodistas refieren como manifestaciones de "antiarte", "earthwork", "arte procesual", etc., comprenden en gran medida lo que aquí he llamado "arte reactivo". Esta clase de arte apunta a mantener una relación con una noción tradicional del arte, y ser al mismo tiempo de vanguardia: uno de sus soportes es cuidadosamente emplazado en la arena material (escultura) y/o visual (pintura), lo suficiente como para mantener la continuidad histórica (4), mientras la otra se mantiene flotante, dispuesta a cumplir con nuevos movimientos y "rupturas". Una de las principales razones por las que semejante tipo de arte busca establecer relaciones con el repertorio de morfologías tradicional es el mercado. El apoyo económico pide "bienes" a cambio; y esto siempre concluye en una neutralización de la capacidad del enunciado artístico de ser independiente de la tradición.
En el análisis fino, enunciados artísticos de este tipo se confunden con la escultura o la pintura. Muchos artistas que trabajaban en contextos lejanos (desiertos, bosques, etc.) ahora traen a los museos y las galerías fotos de colores super estallados (pintura), o bien bolsas de cereal o de tierra, o incluso, en algún caso, todo un árbol con sus raíces (escultura). De este modo, el enunciado artístico se invisibiliza (5).
En su grado más estricto y radical, el arte que llamo conceptual es tal cosa porque se basa en una investigación sobre la naturaleza del arte. No se confunde, por ende, con la actividad de construir proposiciones estéticas, sino con la elaboración y el análisis de todas las implicancias de todos los aspectos del concepto "arte". Culpa de la dualidad implícita de percepción y concepto en la práctica artística previa, un mediador como el crítico resultaba útil. Pero este arte, el conceptual, anexa las funciones del crítico y torna innecesaria su mediación. El sistema artista-crítico-público existió porque los elementos visuales de la "construcción del cómo" le dieron al arte un aire de entretenimiento, con su correspondiente público. El público del arte conceptual, en cambio, se compone primariamente de artistas; lo que equivale a decir que no existe un público espectador por fuera de la participación creativa. En este sentido, el arte se convierte en algo tan "serio" como la ciencia o la filosofía, esferas que no tienen, tampoco, público alguno: lo que se hace en ellas resulta interesante o no de acuerdo al grado de información del que previamente se dispone. Por el contrario, el estatuto histórico "especial" del artista lo relegaba a la condición de sacerdote o hechicero del negocio del espectáculo (6).
Este arte conceptual, entonces, consiste en la investigación llevada a cabo por artistas que comprenden que su actividad no se limita a la factura de enunciados artísticos, sino que también incluye el examen de la función, sentido y el uso de todo enunciado artístico posible, y su colocación respecto del concepto del arte como término general. Asimismo, la existencia de un arte conceptual implica que la dependencia del artista hacia el crítico que deberá intepretar las implicancias de su trabajo y de su posicionamiento artístico, argumentando sus explicaciones, es una forma de irresponsabilidad intelectual o una forma altamente ingenua de misticismo.
El fundamento de esta idea del arte reside en la comprensión del estatuto lingüístico de todo enunciado artístico habido y por haber; sean contemporáneos o procedan de la historia, independientemente de los elementos empleados para su construcción.(7)
Admito, de todas maneras, que este concepto de un arte conceptual americano que hasta aquí propuse se encuentra férreamente enlazado con mi propio trabajo en tanto que artista. Sin embargo, he tratado de detallarlo, como he dicho, "en su grado más estricto y radical", respecto del cual existe consenso entre los conceptuales estadounidenses y británicos, al menos en lo tocante a los aspectos más generales de nuestras investigaciones artísticas, por muy distintas que puedan ser las "elecciones de herramientas" o metodologías empleadas para cada enunciado artístico.
Existe, también, un considerable espacio de prácticas entre este grado "estricto y radical" de conceptualismo y lo que anteriormente describí como arte reaccionario. Mi contribución como editor pondrá foco, preferentemente, en colaboraciones de artistas americanos más ligados al conceptualismo puro y duro, aunque la borrosidad de los límites entre uno y otro terreno tornará imposible, desafortunadamente, cualquier intento de purismo en este sentido.
(1) Uno entiende así la popularidad entre los críticos de movimientos tan necios como el expresionismo, y el desdén por artistas "intelectualizados" como Duchamp, Reinhardt, Judd, o Morris.
(2) Los artistas estadounidenses tienen la tendencia a disimular sus investigaciones como si quisieran permitir justificaciones extra-artísticas de su actividad. Creo que esto se relaciona muy estrechamente con el típico anti-intelectualismo básico de los Estados Unidos. Como dice John Sloan en The Gist of Art [New York, American Artists Group Inc, 1939], "en una sociedad de frontera como la nuestra, los artistas son como cucarachas de cocina: nadie los quiere, nadie los alienta, pero sin embargo siguen por siempre allí".
(3) En años recientes, los artistas se dieron cuenta de que el "cómo" es generalmente mercantilizable y que su proyección en el mercado (dependiente de su despersonalización) es directamente proporcional al grado en que el cómo funciona según un "porqué" construido como "pincelada personal".
(4) Y proveer a los economistas y políticos del arte algo en lo cual "invertir".
(5) Lamentablemente, muchos de estos artistas quieren reformar el sistema hasta el punto de que sus ideas se vuelvan aceptables, pero no lo suficiente como para arruinar sus chances de éxito profesional a la antigua usanza.
(6) Un aspecto de este problema es fundamental para la distinción entre artistas formalistas y reactivos que desarrollamos antes, y tiene que ver con el rol supervisor o incluso parental que los críticos desarrollaron hacia los artistas a lo largo del siglo XX, con la condescendencia institucionalizada, de parte del personal de museos y galerías, y también con la peculiar habilidad de los artistas para hacer pasar por romanticismo lo que no es más que corrupción intelectual y oportunismo.
(7) Sin esta comprensión, la "forma de presentación" del arte conceptual se convierte en una estilística remanida, y hay que decir que este tipo de arte conceptual comienza a verse cada vez en mayor abundancia.
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Pintura versus arte versus cultura (o por qué podés pintar si querés pero probablemente no importará)
Traducción: Fernando Sucari
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La historia de la pintura es la historia de fabricar "otros mundos", sean éstos de órdenes sociales, mitos históricos, sueños religiosos o viajes internos personales. Mucho antes de Manet y a través del expresionismo abstracto, la pintura ha sido un rectángulo mágico: una ventana a otro mundo. Creer en la pintura ha significado que para ser capaz de ver una pintura deberíamos ser capaz de ver la pintura en la tela y la pintura en la pared como dos cosas diferentes de un modo bastante especial, y así lo hemos hecho. En este sentido, la pintura ha sido el lenguaje del arte en los tiempos modernos; el concepto de arte sólo significaba algo cuando estaba materializado como pintura o escultura. (Y la escultura siempre fue conceptualmente dependiente de la pintura; la escultura trató de crear espacialmente la misma arena ficticia que la pintura tiene en la superficie de una tela.) Como sucede con cualquier otro lenguaje, el aspecto físico del lenguaje del arte tenía que ser transparente. Por ejemplo, si empiezo a hablarles en húngaro ahora mismo la mayor parte de ustedes escucharía ruidos -no entrarían en la realidad lingüística del Húngaro. Cuando el lenguaje pierde su transparencia y se vuelve opaco sólo se ven u oyen sus propiedades físicas, y eso significa que uno está fuera de ese sistema de creencias y su organización de la realidad. El expresionismo abstracto intentó empujar el aspecto físico de su lenguaje hasta el límite; como si la totalidad de la infraestructura semántica estuviera en tensión, atrapada. A comienzos de los sesentas el lenguaje de la pintura colapsó. (Digo esto refiriéndome al interior de una historia particular, pero toda historia escrita es particular: está escrita para algo, no sólo de algo.) Uno piensa en las pinturas de banderas de Jasper Johns (¿es ésta una pintura de una bandera dentro del mágico mundo ficticio de la realidad pictórica o es una bandera en este mundo, en la sala en la que me encuentro?) o en las primera pinturas de Stella, que se convertían para el espectador en objetos pictóricos ocupando espacio en la misma sala en la que se encontraba... y entonces surgió la pregunta: ¿por qué hacer objetos con materiales limitados y culturalmente cargados?¿Por qué no elegir los materiales y las formas para el trabajo personal? No parecía seguir existiendo la necesidad de validar el propio trabajo con el marco tradicional de la pintura; el contexto del arte era de por sí un marco suficiente. Los trabajos de Judd, Flavin, Morris, LeWitt, Andre, y así sucesivamente, continuaron articulando las posibilidades.
Tuve la sensación de que este nuevo modo de trabajo hacía exactamente lo contrario a presentar, como la pintura, un mundo ensimismado: había comenzado el proceso de mirar al exterior, haciendo que el contexto fuera importante. Empecé a darme cuenta de que el asunto para la tarea del arte era examinar su contexto, y que en el proceso uno estaría investigando el significado, y en última instancia, la realidad. Un punto importante entonces, sobre el así llamado ’arte minimalista’, era que no era ni pintura ni escultura, sino simplemente arte. Esta última parada en la trayectoria formalista no nos dio ningún otro lugar al que mirar más que hacia fuera: primero lo físico, luego los contextos sociales, filosóficos, culturales, institucionales y políticos -todos ellos por necesidad habrían de convertirse en el foco de nuestro trabajo.
El sistema de creencias del viejo lenguaje de la pintura había colapsado, y coincidiendo con esto colapsó también nuestra habilidad para creer en el orden social, cultural económico y político del que este lenguaje había sido parte. Cuando esta institución de la pintura y la escultura colapsó, fue alterado algo mucho más importante que un estilo de hacer arte -resultó que el significado del arte estaba en crisis. Esto no significa por supuesto que todos abandonen sus pinceles en simultáneo -la pintura se prolongará de alguna manera indudablemente, la rica tradición de la pintura continuará siendo poderosa por algún tiempo más. La pintura de post-vanguardia (como uno podría llamarla, dado que la pintura no es más de ’vanguardia’ habiéndose eclipsado a sí misma) ha contado con la necesidad de estabilidad del mercado en la forma de artículos de calidad.
El mercado por naturaleza debe llevarse por delante la compleja matriz de la intención, el contexto social y el momento cultural, más importantes para la producción artística que el residuo que encuentra su lugar en el mercado. La ’tradición’, incluso si es falaz e inflada, provee inversores con la promesa de ’garantías’ artísticas.
El ’colapso’ del que hemos estado hablando ha producido un cambio en uno de los mayores sistemas de creencias de nuestra cultura. La creencia en el mágico espacio de la superficie de la tela ha tenido un efecto enorme sobre cómo vemos el mundo. Cuando los artistas se volvieron capaces de pensar el hacer artístico en términos de una concepción ampliada del arte, la pintura y la escultura se volvieron posibilidades formales o físicas dentro de esa arena de trabajo más que constituir la totalidad de nuestra concepción del arte. En este sentido, el lenguaje perdió su transparencia y rol como sistema de creencias, y cada vez más ha empezado a ser visto por los artistas desde los sesentas como un conjunto de posibilidades formales o físicas cargadas y limitadas por su referencia a la tradición. Ser un artista empezó a significar que uno debía cuestionar la naturaleza del arte, usando el propio trabajo como parte del proceso de cuestionamiento. Pintar o esculpir, por el contrario, significaba que uno no estaba comprometido con ese proceso. El acto de pintar o esculpir -y eso significa ver tu actividad como parte de esa tradición- era filosófico, en efecto, ideológico: significaba que estabas diciendo que esa era la naturaleza del arte, y que no lo dudabas. A algunos de nosotros nos parecía que trabajar en nuevas formas dentro del marco pictórico reclamaba una pregunta más abarcadora sobre la función y el sentido del marco mismo.
Lo que estamos discutiendo es la relación entre el hacer artístico y el significado, y la interdependencia entre ambos. El punto es que el trabajo creativo del artista en el hacer artístico no está en hacer otro objeto en un mundo mercantilizado lleno de objetos, sino en tener un efecto como productor en el significado del arte. El rol del artista puede ser visto como inherentemente político, dado que nuestra realidad social está mediada por nuestros supuestos culturales. No es lo mismo que decir que el propio arte generará cambios necesariamente; de hecho la mayor parte del arte americano actualmente racionaliza el orden social existente y sus instituciones políticas y culturales. La política del trabajo propio, implícita o explícita, puede trabajar para el cambio o en contra.
La pintura se ha convertido en una forma de arte naif porque ya no puede incluir una ’autoconciencia’ (tanto teóricamente como a nivel de locación histórica) en su programa. Tal autoconciencia exige que el lenguaje del arte imperante, como cualquier lenguaje, sea transparente para ser creído.
Con el arte conceptual emergió (desde lo que en el minimalismo estaba solamente implícito) un paradigma competitivo o modelo de la actividad artística. El minimalismo de los sesentas apelaba a la estructura innata de la lógica de la civilización occidental; trabajos más recientes han estado revelando cada vez con mayor intensidad, a través de la práctica, esa ’lógica’. El viejo modelo analítico cientificista era pasivo (dependiente de las instituciones para tener significado), mientras que la dinámica del nuevo trabajo debe, en parte, consistir en revelar las contradicciones, y como tal tiene como su objetivo el desmantelamiento de la estructura mítica del arte propuesta por las instituciones culturales hoy en día. Pero para hacer esto nuestro trabajo debe ser metodológicamente creativo; como artistas debemos continuamente cuestionar las convenciones de nuestra actividad -y, efectivamente, este papel tiene sus supuestos y sus convenciones. Mi historia y mi experiencia me posicionan. Si mi trabajo tiene valor es por su uso para los artistas más jóvenes, no por su valor de cambio en el mercado de arte.
Elegí el lenguaje como el material para mi trabajo porque parecía ser la única posibilidad con el potencial de ser un material neutral; considerar la transparencia del lenguaje significaba que su uso en arte nos permitiría, en cierto sentido, ver ’arte’ y a la vez seguir haciendo foco en el contexto sociocultural del que depende para su sentido. Sería necesario, me pareció a mí, un arte que nos dijera algo sobre nuestro arte siendo nuestro arte, que no es lo mismo que el arte por el arte. Un arte sobre la forma es un arte por el arte porque depende enteramente de la tradición para encontrar un sentido, puede hablar por sí mismo porque sólo puede significar algo en relación con su pasado mismo.
La potencial naturaleza revolucionaria del arte conceptual consistió en que mientras hace foco en el contexto sociocultural no lo hace en su propio desarrollo formal, sino que se vuelve un método espiralado, una práctica crítico-reflexiva perpetuamente sobrevolando y recontextualizando su propia historia; una opción metodológica que une la práctica artística con la teoría. Cada vez más la metodología del arte conceptual se ocupa de mirar el contexto político, cultural y social del que el arte depende para darse sentido. De hecho, que nos ocupemos de intentar hacer eso ha significado en muchos casos que el arte conceptual tuvo que dejar la categoría misma de ’arte’ y funcionar simplemente a nivel cultural.
Ser antiformalista y, en algún sentido, conscientemente radical, exige que la metodología exceda las categorías exquisitas, como la de ’arte elevado’. Sólo una cultura baja como la nuestra necesita inventar el arte elevado. El triste hecho de que el mercado determine el sentido de nuestro trabajo ha significado que los artistas estén continuamente bajo presión de hacer trabajos con el consumidor en mente. Esto ha menospreciado la experiencia del hacer artístico tanto para las estrellas del arte como para los que no lo son. La experiencia del hacer artístico ha sido trivializada y vaciada cuando la prioridad ha estado puesta en el producto. El valor de la experiencia del hacer artístico -su dimensión humana- no separa a las estrellas de las no estrellas- sólo la necesidad de artículos de calidad lo hace. De este modo el sistema de competencia individualista resulta o bien en los artistas heroicos de los medios (rara vez mujeres) y sus estilos de marcas registradas, o en el olvido en una inauténtica no historia. Generalizado, el individualismo institucional es la ideología usada para separarnos. El cambio cultural y social, como cualquier trabajo significativo, sólo puede ser el producto de la colaboración y de la actividad colectiva. Las historias que cuentan otra historia han sido escritas para enseñar, y lo que nos enseñan es a vivir esa historia.
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Breves apuntes: arte, educación y variación lingüística
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Traducción: Carlos Gradin
Los seres humanos no viven sólo en el mundo objetivo, ni tampoco en el mundo de la actividad social como se entiende habitualmente, sino que se encuentran en gran medida a merced del lenguaje particular que constituye el medio de expresión de su sociedad. Es sin duda una ilusión imaginar que uno se ajusta a la realidad sin recurrir, esencialmente, al lenguaje, y que el lenguaje es meramente un medio secundario para resolver problemas específicos de la comunicación o la reflexión. El hecho es que el "mundo real" se contruye en su mayor parte en los hábitos de lenguaje del grupo (...) vemos y oímos o experimentamos como lo hacemos debido, en gran medida, a que los hábitos de lenguaje de nuestra comunidad nos predisponen a optar por ciertas interpretaciones.
Edward Sapir
En el arte, los "medios de expresión" tampoco son muy distintos del lenguaje. Incluso si aceptamos la opinión extendida de que la historia del arte comenzó hace cientos de años (1), es posible observar que el "lenguaje" del arte occidental ha estado conformado durante largo tiempo por la pintura y la escultura. Hasta hace poco, se asumía que si alguien quería hablar en tanto artista tenía que hacerlo con el lenguaje "correcto". De esa manera, sabíamos que era un artista y que su trabajo era arte o pretendía serlo. Cualquier cosa que se hiciera debía hacerse dentro de ese lenguaje. Una razón de esto era la noción de que el arte se definía por sus características morfológicas. Esto significa que a la arena de la actividad artística se llegaba de manera arbitraria a través de las demandas de funciones principalmente no-artísticas. Esto es, dicho simplemente, por las necesidades decorativas de la arquitectura. En este sentido, una confusión aún más profunda surgía de la noción bastante extendida de un vínculo conceptual entre el arte, la decoración y el gusto.
En el arte anterior al periodo "moderno", la forma del lenguaje (language form) era portadora de "la representación de temas religiosos, el retrato de aristócratas, el acabado en detalle de la arquitectura", entre otros. El período moderno marcó el final de la invisibilidad del arte y los primeros pintores, cuando los escultores comenzaron a centrarse en el lenguaje del arte; ya no como un medio, sino como un fin en sí mismo. Aunque el arte siguió asociado al uso de la misma forma de lenguaje (pintura y escultura) era muy distinto del "arte" anterior, ya que la "condición artística" comenzó a identificarse particularmente con la forma del lenguaje en sí misma. Hasta hace diez años el periodo moderno realmente consistía sólo en esto, en la infinidad de usos del lenguaje del arte entendido como arte. Concentrarse en el lenguaje del arte era la manera inmediata de hacer arte y sólo arte, sin la confusión del tema de la obra o de una nueva forma de lenguaje que pudiera ser interesante por sí misma.
En los últimos años, los artistas se han dado cuenta de que su lenguaje tradicional se haya agotado y se ha vuelto irreal. Ya se deba a que sus orígenes se remontan en el tiempo hasta un mundo completamente diferente del nuestro, lo que hace que el viejo lenguaje, en tanto arte, ya no sea creíble o real, o bien se deba a que todos los "límites" han sido explorados, es difícil de saber. Ahora nos damos cuenta de que cualquier cosa puede ser arte. Es decir, cualquier material o elemento puede ser puesto a funcionar en cualquier sentido dentro de un contexto artístico. Y también nos damos cuenta de que en nuestro tiempo, la calidad tiene que ver con el pensamiento del artista, no con un fantasma inherente al objeto.
En el nuevo arte, de manera ideal, cada artista crea su propio lenguaje.(2) Esto era necesario para que el arte se convirtiera en una suerte de "ciencia pura" de la creatividad; el nuevo artista ahora no sólo debe construir nuevas proposiciones, sino hacer el intento de crear una idea completamente nueva del arte. Y sólo si lo logra habrá realizado una verdadera contribución individual.
¿Qué efecto tendrá este cambio en el arte sobre las necesidades educativas del artista? Sin duda es un cambio radical. Antes, cuando todos los artistas usaban el mismo lenguaje, era posible predecir qué herramientas usarían para desarrollar ese lenguaje. Dado que todos parecían saber, si bien no qué era el arte, al menos las formas que éste tomaría, era posible establecer una situación de enseñanza medianamente rígida, a la que todos los estudiantes serían sometidos por igual. Y se asumía que los mejores estudiantes eran aquellos que adquirían la información necesaria más rápidamente. Si miramos hacia atrás, podemos ver que no fue así como surgieron los mejores estudiantes en el periodo moderno. Incluso sin salirse de los confines del viejo lenguaje, la obra de los maestros modernos en sus primeras exposiciones era usualmente "fea", no parecía "arte" y solía ser objeto de burlas, y de acusaciones de fraude o de constituir una broma.(3)
Sin embargo, la mayoría de las escuelas de arte actuales se basan aún en los presupuestos heredados del siglo XIX, y la mayoría de los educadores se muestran incómodos o abiertamente hostiles frente a los estudiantes que no se interesan en las lecciones de gramática del viejo lenguaje. Incluso en aquellas escuelas que dan lugar a la experimentación en los últimos años, el tono con el que se enseñan los modos tradicionales del arte en los años inciales es un tono moralista- un tono que sugiere que el conocimiento de las técnicas de la pintura y la escultura es imprescindible para convertirse en un verdadero artista. Pero en realidad, los cursos de pintura y escultura son como estudios de historia del arte en un laboratorio. De hecho, estudiar pintura y escultura no es muy distinto de estudiar latín. El latín es útil como fuente de infomación (en especial para los historiadores) pero aleja a los jóvenes estudiantes de arte de la realidad en la que viven y piensan.
Aún así, si el "mundo real" es un mundo de libertad absoluta, en donde el artista no sólo participa del juego sino que también crea sus propias reglas, ¿tiene sentido el intento de mantener una institución de enseñanza para el artista? Creo que sí. Pero solo si el docente de arte puede separar el "arte" de la "historia del arte" con todo lo que eso implica. Ahora el rol más importante, si no el único, de la escuela de arte es concebir (metafóricamente) los cursos como "libros", y administrar la escuela como una "biblioteca". Los estudiantes ya son grandes y pueden explorar los "libros" y "leerlos" a su propio ritmo. Debería haber técnicos disponibles para los estudiantes que necesiten ese tipo de información específica, pero el rol del instructor de arte es permitir a los estudiantes conectar sus modos particulares de mirar con lo que resulta posible hacer. No puede decirle a un estudiante qué es el arte porque eso deberá decidirlo él mismo. Puede ayudarlo a no encerrarse ni quedar atrapado en prejuicios, y a reducir el tiempo perdido informándole sobre hechos conocidos acerca de su ámbito de actividad particular.
Sólo este tipo de atención individual podrá diferenciar a la escuela de arte respecto de la universidad normal. La mayor parte de la información podrá ser presentada a los grupos de estudiantes como se hace en las universidades, pero la capacidad de la escuela de arte de concebir a los estudiantes como pensadores individuales es lo único que la mantendrá vigente.
(1) No es mi caso. Incluso admitiendo ciertas excepciones notables, creo que el término general de "arte" aparece junto con el periodo moderno (por ejemplo, aproximadamente con Manet).
(2) O, con menor frecuencia, el artista acepta como propio un lenguaje creado recientemente.
(3) Esto se debe, desde ya, a que a menudo los elementos de una proposición artística carecen de sentido si se los separa de un entorno artístico.
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