Curaduría, instituciones artísticas en Buenos Aires: algunos puntos a tomar en cuenta

Por Claudio Iglesias


1. Sobre lo que no se puede decir nada no es mejor callar; ante la pregunta por la utilidad o el sentido de iniciativas recientes de gestión y/o curaduría como Escuelismo (Malba), la muestra de fotografía alemana en Proa o Límite Sud a mediados de 2008, permanecer en silencio no debe ser la única alternativa.

1. 1. La curaduría que se ejerce en Buenos Aires piensa su misión como una tarea enteramente recostada sobre la política de distintas instituciones culturales; en Buenos Aires, las instituciones culturales no tienen política alguna discernible en el tiempo.

1. 1. 1. Por sus elecciones curatoriales, instituciones como el Malba parecen defender el formato exhibición de cualquier cuestionamiento o atisbo de complementariedad; pero esas mismas elecciones revelan que las exhibiciones las hacen en el patio trasero de su agenda corporativa.

1. 1. 2. La gravitación del stardom coleccionista sobre la curaduría impide posibles focos de sinergia entre la formación de patrimonio público y la proyección regional/internacional de colecciones privadas con valor agregado en términos de infraestructura local.

1. 1. 3. Las inversiones efectuadas recientemente por la Fundación Proa se descomponen en una parte real y una parte imaginaria: la primera corresponde a los ladrillos, el deck y los golpes de efecto internacionales; la segunda, a los recursos locales y el capital simbólico.

1. 2. Medios de comunicación formateados a comienzos del siglo pasado son funcionales a instituciones masivas, verticales y secretistas; muestras mastodónticas y sin sentido reciben elogios a gran escala en diarios y revistas. Emitir CO2 parece ser la clave del éxito: cuanto más transporte internacional, electricidad, papel fotográfico o trabajo de albañilería demande una muestra, mayor su proyección periodística.

1. 3. "Región" es una palabra prohibida para la gestión cultural local. Anhelos de revanchismo internacionalista enfrentados a un nacionalismo cultural irrisorio hacen endémica la falta de articulación sur-sur; Buenos Aires desaparece progresivamente del mapa latinoamericano entre innumerables muestras sobre "arte argentino" y retrospectivas enlatadas, brillos lejanos del viejo mundo.

1. 4. La supuesta incompetencia del sector público para establecer políticas no es más que el efecto a distancia de la notoria incompetencia del sector privado para reclamarlas, su conformismo conduce a experiencias angustiantes (Límite Sud la última).

1. 4. 1. Las instituciones privadas buscan lo que ya conocen; la reestricción forzosa de la innovación al área del trabajo freelance acaba por desalentar las nuevas ideas, su puesta en práctica y consolidación en el tiempo.

1. 4. 2. La participación activa de agentes culturales reales, con objetivos enunciables y controvertibles, es un requisito para la construcción de infraestructura; cuanto mayor esta participación, mayor el beneficio público. (Prueba: la trama de consensos que respaldó la conformación de la colección del MACRo es codependiente del uso que se hace de esa colección en distintos contextos educativos y culturales.)

1. 5. Naves tripuladas tocaran el suelo de Marte antes de que exista un museo de arte contemporáneo en Buenos Aires; y tanto antes cuanto más se afanen en ocupar ese rol los distintos experimentos submuseográficos, paramuseográficos e hiperferiales actualmente en boga. Esta certeza exige tomar posición respecto del rol que se autoasignan los representantes locales de la gestión cultural, las políticas institucionales y la curaduría.


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