El mago errante: un paseo por el universo de Osías YanovCrónica de una experiencia artística multimodal: guión, siesta y chamanismo. Proceso escultórico y proceso performático. Fuentes y correlatos: la radiónica, Papus, Carl Sagan
1. Osías pinta como un oso Osías suele estar enojado cuando pinta. Elije la parte rugosa del chapadur y lima contra la superficie la materia blanda de los pasteles al óleo. Hay motivos fetiche: la laguna, el oso, el centauro aplastado por un tronco, la galera, la carpa...Insiste en convocar una y otra vez en el soporte la tinta y el óleo. Y allí se libra la batalla entre el agua y el aceite. A veces la tinta se infiltra en los huecos no colonizados por el pastel. Las imágenes no se construyen, las imágenes tienen el carácter de apariciones. La brutalidad del trazo negro se repite. Destellos blancos y amarillos surgen desde el papel o la madera. Las regiones de color, casi siempre saturados, sin medias tintas, siguen el movimiento del fuego. Osías escarba la madera con gubias. O con sus garras de oso. No sé. Pero el material de alguna forma siempre es cuestionado en su integridad física Todos los días a las tres de la tarde Osías duerme la siesta aquí.
Fotos: Osías Yanov 2. Autoconcierto para dormir la siesta Osías solicita que me siente frente al órgano e improvise una pieza. Mientras tanto fabricará algo. Empiezo. Voy hacia los extremos. Los más agudos, los más graves. Quiero estirar los brazos. E intento un diálogo entre los hemisferios donde reinan unos y otros. No sé si a cada nota corresponde un gesto de Osías. No sé cual es la relación entre los sonidos que se mezclan y los materiales que se mezclan. Pero Osias me pidió que toque y lo hago, pues cuando entré al habitáculo el pacto fue dejarme guiar. Conectadas mediante un mecanismo visible, unas lucecitas de colores se encienden y apagan mientras acciono las teclas. Es difícil saber cuánto tiempo pasó, pero cuando tengo la certeza de que es suficiente, lo miro a Osías que me dice: OK. Ahora la siesta. Dormiré la siesta en el diván de cuerina negro colocado junto a la ventana. Del otro lado el follaje del paraíso se balancea. Osías me sugiere el uso de los almohadones. Son de formas orgánicas y de color negro. Uno de ellos tiene bordado una especie de pirámide de piedras. Como esos altares que se improvisan al costado de la ruta en el noroeste argentino. Apachetas. Si pasás caminando por ahí sumás una piedra y así crece el altar. Me dice que no me preocupe por los ruidos. Y que a las dos y veinte me voy a despertar.
Desde un recodo en el techo surge una luz fluorescente magenta. Horizontal, cierro los ojos. Sigo despierta aunque mi cuerpo se haya dormido. Entonces escucho la música grabada que acabo de improvisar. Me impresiona un poco. Es como en Volver al Futuro, encontrarme con un yo anterior... de un pasado muy reciente... Escucho el desplazamiento de alguna herramienta sobre la madera, los pasos de Osías, la cinta de enmascarar desplegándose, líquidos vertiéndose. Afuera el trajín de la calle continúa. Como el vagabundo de las estrellas de Jack London, emprendo un viaje imaginario. Tiempo después abro los ojos y busco a Osías con la mirada que me informa que son las dos y veinte en punto. Sobre la mesa del taller hay ahora un montículo de forma tosca y planos cortantes. El yeso aún no ha terminado de fraguar. Mientras dormía, Osías ha preparado un molde de cartón que ha dado a luz una pieza de carácter enigmático. Parece un bodoque. Espero que no sea un retrato. Me gusta pensar que Osías condensó los sueños de mi siesta en esa pieza. No sé bien de qué se trata en realidad. Pero inspira un respeto incuestionable, pues es el resultado de una ceremonia. Creo que es magia. Sí. Podría tratarse de un talismán. El molde de cartón debe ser hecho con la mayor tosquedad posible, con cortes rápidos e improvisando uniones. Sin tomar medidas. Sin considerar el tamaño y con la cantidad de material que se disponga, recalca Osías en su manual de instrucciones. Prolijamente, Osías anota los datos relevantes observados en la repetición de la experiencia: 1) Puntualidad. En 5 de 7 casos (nrs. 8889/91/92/93/94) cuando el reloj marcó la media hora propuesta de siesta los individuos se despertaron todos preguntando: - ¿Ya está? – o una frase similar) 2) Quiebres. En un caso (nr. 8890) en donde durante la siesta el individuo se despertó muchas veces la pieza luego de fraguarse se quebró en el punto de intersección de los dos octógonos. 3) Cosquillas. En todos los casos (nrs. 8889 a 8896) en el preciso momento en el que realizo el vaciado me envuelve una sensación de cosquillas muy grande a la altura del esternón, en ciertos momentos debí controlarme para no flotar. 4) Tedio. A todos les resulta tedioso el ruido de la cinta adhesiva al construirse el molde. 5) Formas. Aún no observo datos relevantes en las formas generadas. 3. El Habitáculo Hay que agacharse para entrar. Un sistema de puertas corredizas de madera separa el habitáculo del resto de la casa. Accedemos por una compuerta más pequeña. Sobre una mesa larga hay dos maquetas. Una de ellas es una representación del espacio donde estamos. Pero el contenido es diferente. Un pequeño cuerno gris en el centro de la habitación conectado a un motor ha girado a gran velocidad. La pintura fresca dominada por el movimiento centrífugo se ha esparcido en círculos concéntricos por el piso salpicando los zócalos y alcanzando el pasillo miniatura. Le pregunto a Osías si va a traducir esto a gran escala. Dice que todavía no sabe. No es la primera vez que responde vagamente o que demora la respuesta definitiva. El espacio está inmerso en la misma conducta errática y poco amiga de las definiciones. Cada ordenamiento del espacio es un ensayo. Y todo rota, se traslada, desaparece...Allí distinguimos un perchero portando un paraguas con cabeza de pato. Cerca hay un escritorio destinado a la lectura del Tarot. El sillón que preside el escritorio reposa dentro de un octógono dibujado en el piso con cinta de enmascarar. También la silla para el consultante es enmarcada por un octógono. En la cabecera del Sillón del Tarotista se alza una chimenea cubierta con retazos de chapadur pintados. Son vestigios de una serie de pasteles al óleo que fueron hechos trizas y cubren ahora la chimenea siguiendo la ruta ascendente del humo. Esparcidos por el piso, sobre estantes y en cajas detectamos algunos de los libros que frecuenta Yanov: Las Radiaciones humanas, historia de la Radiónica - Julio Húngaro Los objetos se posan temporalmente sobre coordenadas precisas. "Las coordenadas de lo errático", le gusta decir a Osías citando el vocabulario astronómico. Toda ubicación tiene una justificación simbólica en el mundo inventado por Osías. Osías diseña una galaxia. Y pone un cuidado especial en la región de las nebulosas. La nebulosa es ese lugar de no definición. Un lugar inquietante y sumamente necesario para no anquilosar un proyecto tan expansivo. El lugar del nacimiento y de la muerte. El embrionario o el fúnebre, trátese de cuna de estrella o cementerio de estrella. Deja los cadáveres de sus ensayos en el espacio. Después son otra cosa. O van al depósito. Pero siempre se trata de residuos con un remanente propenso a la resurrección. Este es el espacio diseñado por Osías para la cita. Un espacio alquímico. Una nave en búsqueda de la Piedra Filosofal.
4. Flatland Es el primer día del año 2009. Vemos a Osías Yanov recostado en el césped de una casa en Lomas de Zamora, con sus shorts a rayas marrones y blancas, sumergido en la lectura de Cosmos, de Carl Sagan. Osías lee ahora con fascinación la parte en que Sagan, retomando Flatland, la novela de varias dimensiones de Edwin A. Abbott, relata el amor imposible entre un cuadrado y una pera: Todo el mundo en Flatland tiene anchura y longitud pero carece de altura. Conocemos la derecha izquierda y el delante atrás, pero no tenemos ni idea, ni pizca de comprensión por el arriba abajo. Cuando una pera, que es un ser tridimensional, mirando desde arriba descubre al atractivo cuadrado habitante de Planilandia decide, en un gesto de amistad interdimensional, bajar a su casa plana y saludarlo. Pero el cuadrado no puede verla y supone que la voz proviene de su interior. La pera, que solo puede existir parcialmente en Planilandia, se enoja al ser ignorada y revolea al cuadrado por el aire. Y allí es que el cuadrado contempla las cosas desde una perspectiva hasta ahora inexplorada: desde arriba. El viaje por otra dimensión le otorga una visión de rayos X, puede ver el interior de sus compañeros cuadrados, cuando antes sólo veía un segmento, una línea... En los cruces interdimensionales hay infinitos encuentros posibles. Flatland llega hasta Osías a través de Carl Sagan. Tal vez deberíamos viajar a Planilandia para encontrar allí la clave del proyecto de Yanov. Un proyecto sin dudas ambicioso: el intento de concertar una cita entre una pera y un cuadrado.
5. El aprendiz de mago Osías señala que no debe preverse la compra de material. Hay que usar lo que hay. La materia es una corriente constante, un fluir donde él recortará una porción, retendrá, desviará, ignorará, desechará...En este sentido pareciera que Osías puede adoptar distintos personajes: actuar como un disyuntor, interrumpiendo o abriendo la intensidad de la corriente eléctrica si se eleva mas de lo conveniente o como un alambique, destilando, separando según el punto de ebullición de las ideas. Es frecuente que una pieza se destruya al día siguiente y se transforme en otra cosa. Todo es parte de un Cosmos. Y para que ese Cosmos continúe vivo es preciso realizar un trabajo de orquestación. Sí. Osías podría ser un director de orquesta. Pero un director de orquesta que decide quebrar la disposición jerárquica que lo colocaría convencionalmente al frente de sus músicos para guiarlos con seguridad y destreza. ¿Cómo quiebra esa jerarquía? Con la vacilación. No parece operativo que un director de orquesta se ponga a vacilar con sus manos dibujando figuras imprecisas, haciendo perder a sus músicos y enmarañando la melodía. Si bien Osías es claramente el director del proyecto, no oculta la duda a la hora de poner a jugar los elementos en el espacio. A veces es el Mickey Mouse de Fantasy dominado por los materiales que no sabe conjurar aún. La entrañable escena en que Mickey, robando el bonete del mago y así sus poderes, logra que una escoba humanoide le obedezca y comience a acarrear agua en baldes para llenar un estanque, pero en el medio se distrae, tiene ganas de hacer una siesta, duerme profundamente y en sueños es un director de orquesta acompasando un fantástico diálogo entre estrellas fugaces y olas abismales...Hasta que lo despierta un escalofrío ascendiendo por su cuerpo: la escoba no ha parado de acarrear agua al estanque, que ha rebalsado, y el océano de sus sueños empieza a hacerse realidad. ¿Qué hace entonces el aprendiz? Destroza la escoba con un hacha. La escoba que se ha transformado en personaje, igual que los objetos mágicos de Osías. La destrucción parece ser el atajo más seguro en este caso. Pero he aquí que la escoba, luego de yacer astillada unos instantes, se multiplica en un ejército de escobas acarreantes de agua, pues cada astilla tiene el poder de ser en sí misma la totalidad, y todo vuelve a empezar en un efecto boomerang infernal y divertido. Así es como la historia puede continuar y todo suma. Así es como la destrucción en Osías multiplica. La maestra de Osías fue Eda. Ella lo inició en los misterios de las líneas de las manos y la interpretación del Tarot. No hay dudas de que Osías ha sabido darle un sello personal al asunto. Cuando lee tus manos es como un libro de Elije tu propia aventura, perfilando historias con sus ramales y subramales para detenerse una página antes del final, volver al inicio y recorrer los caminos alternativos. Las líneas se despegan de la mano como un árbol muy delgado que seguirá creciendo en el espacio entre Osías y su consultante. Osías se propone como guía. El espectador es aquel que va a iniciarse. Por eso la ceremonia. Por eso es necesario llevar a cabo un conjunto de acciones estipuladas a la manera de rito. Dentro de este marco de operaciones simbólicas, Osías puede albergar innumerables proyectos y actividades como criar caracoles, o leer las manos, o tirar el tarot, o dormir la siesta todas las tardes a las 3, o citar a una persona para realizar un concierto de piano, o fabricar pantallas solares, o practicar la telepatía, o enviar cartas solicitando la confección de un bordado/de un traje/de un estanque, o investigar procedimientos para la realización y producción de crecimiento Czochralski del silicio por semilla... La obra de Osías es un ensayo, entre la geomancia y el arte, el Feng Shui y los paneles solares, la cría de caracoles y el placer de dormir una buena siesta. 6. Un día de estos Pero... ¿Dónde atiende Osías Yanov? ¿Cómo se hace para concertar una cita? Hasta hace poco, se lo podía visitar en un caserón del barrio de Belgrano, frente a la estación. Había muchos árboles y pájaros por allí. Y el sonido del tren que Osías me explicó que es como un río llevándose y trayendo energía...Energía vaivén. Por lo que sé, ahora su habitáculo se ha hecho flotante y propenso al nomadismo. Me dicen que pronto aterrizará en un mercado de frutos. No me extrañaría ver su galera verde rodeada de manzanas y peras. Quién sabe. Tal vez un día de éstos te llegue una carta pidiéndote que confecciones un pequeño estanque... Una carta como ésta: CONFECCIóN A LAS 15. El pedido de confección es el siguiente: Un pequeño estanque. Procedimiento de Confección Antes de dar cualquier paso en la realización se debe tomar una siesta o hacer un pequeño descanso a las 15hs. (no debe exceder los 30 minutos). Ninguna consulta será revelada. Todo fuera de esta carta deberás empuñarlo con tu sabiduría Muchas Gracias |