FrikisUna lectura del aclamado best-seller Freakonomics. La economía creativa y el golpeado espíritu del management tras la debacle financiera. Utopías de ecuaciones y planillas de cálculo con destino incierto. En la presentación de su bello libro Mirar, de ensayos sobre fotografía y pintura, John Berger evoca la historia de la relación entre animales y seres humanos, las idas y vueltas de una convivencia forzosa en un mismo hábitat al inicio de los tiempos, que acabara por verse reducida a una domesticación masiva en las sociedades post-industriales contemporáneas. La mirada que los animales devuelven a los seres humanos, y la que éstos les destinan, se convierte en su ensayo en una suerte de clave, de punto de partida para interrogar el fenómeno de la mirada. ¿Qué es mirar? ¿Y qué es, entonces, una pintura o una fotografía? Cortado el lazo que en una época unió a animales y humanos en la relación un poco íntima, quizás simbiótica, de la vida campesina, los animales fueron progresivamente vueltos a domesticar. Esta vez, en el imaginario colectivo que en el siglo XIX en Europa los vio irrumpir masivamente de la mano de los parques zoológicos, y de una industria de los juguetes y el merchandising infantil que iniciara una travesía de fascinación que años más tarde Walt Disney llevaría a su máxima expresión. Llegado este punto, el rol de los animales en la vida pública adquiere dimensiones que no solo despojan a estos de su capacidad de interrogar al hombre, sino que los transforman en una vía más de reafirmación de los valores de la sociedad capitalista. "Los animales desaparecen de todas partes. En los zoológicos constituyen un monumento vivo a su propia desaparición. Y por ello provocan una última metáfora animal. El mono desnudo y The Human Zoo son títulos de best-sellers mundiales. En estos libros, el zoólogo Desmond Morris propone que el comportamiento artificial de los animales en cautividad puede ayudarnos a comprender, aceptar y vencer el estrés que supone vivir en las sociedades de consumo". Un manual para la vida moderna, inspirado en el cautiverio masivo de ciertas especies al servicio del entretenimiento alienado de otra. La imagen, tan reconfortante, de Berger, vale como introducción a otro best-seller como Freakonomics del economista Steven D. Levitt y el periodista Stephen J. Dubner. Si no habla de animales, Freakonomics asombra de todos modos por la convicción con la que postula que es posible extraer una enseñanza de los fenómenos más inverosímiles de la vida contemporánea, si se los pasa por el tamiz de la economía, la estadística y las planillas de cálculo. Un manual para la vida moderna, entonces, inspirado en la domesticación de los números y las leyes de probabilidad, al servicio del entretenimiento y el bienestar de la misma especie de siempre. * "Si Indiana Jones fuera economista, sería Steven Levitt" (Wall Street Journal) * "Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta" (de la portada de Freakonomics) * "Levitt es considerado un semidiós, una de las personas más creativas del mundo de la economía y quizá de todas las ciencias sociales" (Colin F. Camerer, economista del Instituto de Tecnología de California, citado en Freakonomics, p. 203). * En el verano de 2009, la lectura de Freakonomics, publicado por primera vez en 2003, adquirió un matiz novedoso. ¿Cómo se lee la promesa de un libro llamado a develar los misterios de la vida cotidiana, mediante la ciencia aplicada de la economía, en el contexto del mayor derrumbe internacional de los sistemas financieros desde el Crack de la Bolsa de Nueva York, en 1929? Anticipémonos: la escena remite al final de la clásica película Freaks de Todd Browning, cuando el maltrato y la burla del dueño del circo acaban obteniendo su recompensa por parte de la troupe de estrellas de enanos, mujeres barbudas y mutilados, que cobra venganza abalanzándose sobre aquél, y linchándolo hasta transformarlo en uno de ellos. El cómico paso en falso de quien invoca fenómenos de los que ignora casi todo, y del momento en que estos se vuelven en su contra, con la elocuencia de un tsunami. Corresponde también a uno de los rasgos más señalados de las sociedades "avanzadas" contemporáneas, como es su caprichosa ecuación de gasto en cuanto a recursos energéticos. En particular, al fenómeno de la industria automotriz norteamericana, hoy en jaque, pero célebre por su apuesta por camionetas de doble tracción y gran tamaño, cuya profusión de caballos de fuerza las convierte en vehículos de carga aptos para terrenos horadados por el tiempo o la guerra, pero de todos modos elegidos por solteros o amas de casa para suplir la ausencia de transporte público en los apacibles barrios suburbanos de Estados Unidos. En efecto, una capacidad ociosa análoga se intuye en las especulaciones económicas de Levitt: los últimos avances en teoría económica y manipulación de datos, el potencial analítico de la econometría puesto al servicio de las incógnitas más banales e intrascendentes que pudieran formularse ("¿Qué resulta más peligroso: una pistola o una piscina?"). Y por último, volviendo al universo del management y el cultivo de la creatividad, del que Freakonomics forma parte, y contra el fondo, entonces, de la crisis financiera que arrasó con íconos y premisas del orden neoliberal –además de dejar un tendal de pérdidas y desempleados a su paso-, podría pensarse el libro de Levitt-Dubner como el paso en falso de la literatura de autoayuda. Una analogía posible entre los "osados" diagnósticos económicos del dúo, y el efecto –si alguno- que pudieran tener las palabras de cualquier libro dedicado a la autoestima y el equilibrio emocional, de los que inundan las góndolas de los supermercados del mundo, en quien se halla inmerso en una crisis psicótica u otra variante de derrumbe psíquico, afectivo o, incluso, financiero. En suma, leer a Freakonomics deja entrever un desfajase entre los supuestos problemas sobre los que vendría a echar luz, y las soluciones carentes de efecto que sugiere. ¿Qué significa, como concluye científicamente Levitt, que la legalización del aborto en Estados Unidos en 1973 haya determinado que veinte años más tarde los índices de crimen violento en las ciudades comenzaran a descender, convirtiendo aquella medida en una involuntaria maniobra de eugenesia policial? * Quizás lo más interesante sea la posibilidad de pensar qué es la economía, como discurso sobre el mundo, a partir de uno de los libros más vendidos en la historia de este campo, y que justamente se propone funcionar como un puente, una vía de acceso para el gran público a sus herramientas y formas de análisis. "¿Qué tienen en común – se preguntan Levitt y Dubner – un maestro de escuela y un luchador de sumo? ¿Por qué continúan viviendo con sus madres los traficantes de drogas? ¿En qué se parece el Ku Klux Klan a los agentes inmobiliarios?". Freakonomics se introduce en estas zonas de opacidad, e invita al lector a recorrerlas munido de las dos armas que nunca deben faltar en el morral de un explorador de lo inefable: largas series de datos y elementos básicos de estadística. "Saber qué evaluar y cómo hacerlo vuelve al mundo mucho menos complicado." Y así, Levitt y Dubner se lanzan sobre fuentes de información a las que abordan como portales de acceso a la sabiduría, haciendo desfilar cúmulos de cifras apiladas en las que yacen diamantes de verdad: tablas de resultados de los últimos años de los torneos de sumo en Japón, bases de datos con las respuestas de los exámenes de nivel de las escuelas primarias de Estados Unidos (discriminadas por alumnos y maestros evaluadores), el cuaderno de gastos e ingresos de un líder barrial del negocio del crack de un barrio pobre de Chicago, y un largo etcétera de materia prima para la estadística, a la espera del economista que haga las veces de un Miguel ángel de los números, y extraiga de ella las partes sobrantes hasta liberar su corazón, su núcleo duro. Levitt y Dubner lo logran, aunque sus hallazgos se parezcan sobre todo a las informes listas de resultados arrojadas por los buscadores de Internet, en sus modalidades más llanas. Sus conclusiones son una versión mejorada del sentido común, y agregan precisiones porcentuales a "descubrimientos" tales como la existencia de niveles menores de arreglo en ciertas peleas de sumo, o de maestros que hacen trampa para ocultar las malas calificaciones de sus alumnos. Si tras la debacle financiera surgió más nítida la imagen del sistema económico mundial como una caja negra, cuyos mecanismos se tornan invisibles para los ciudadanos comunes, la idea de buscar una respuesta estadística a la pregunta acerca de si los adolescentes vendedores de crack se hacen ricos o no –como si hiciera falta un equipamiento teórico para responderlo—, funciona como una parodia. Ahora hay explicaciones, sorprendentes y creativas, para todo tipo de fenómenos, ninguno de los cuáles constituía un interrogante por sí mismo antes de que la avanzada experimental de Levitt-Dubner lo convirtiera en terreno fértil para su versión lúdica, y hasta jocosa, de la economía. Visto en retrospectiva, Freakonomics parece uno más de ciertos papeles financieros circulantes en los mercados de acciones, alejados por completo de cualquier referente constatable en la economía real, y acompañados de una pátina de éxito y genialidad que es casi una marca de pertenencia a la cultura económica neoliberal. El gesto conocido de dar por terminadas colecciones enteras de debates y problemas, como si la sociedad pudiera darse el lujo de circunscribir sus intereses y preocupaciones a porciones acotadas del mundo, con la fe explícita de que para todo lo demás existe el mercado. En Freakonomics, por caso, los métodos estadísticos aplicados al mercado inmobiliario, se convierten en un debate sobre el sexo de los ángeles. Sirven para descubrir obviedades, como el hecho de que los agentes contratados no siempre venden las casas al mejor precio. Los clientes se perjudican en algún porcentaje ínfimo, y las ecuaciones dan lugar a una fábula moralizante: podemos constatar nichos estadísticos de trampa y engaño distribuidos uniformemente en la sociedad. Con una PC y los datos adecuados, insinúa Levitt, podríamos blanquear el mundo en una utopía digna de Google, que en este caso produce logros asombrosos: un puñado de maestros perdió su trabajo, luego de que los algoritmos de Levitt detectaran invariantes sospechosas en las series de respuestas de los exámenes de nivel de sus alumnos, modificadas para mejorar su rendimiento. * Finalmente, no hace falta alejarse demasiado de Argentina, para encontrar un ejemplo patente de este cocktail de tecnocracia y banalidad. El mapa del delito de De Narváez, el candidato bonaerense del justicialismo conservador, sigue el mismo modelo de razonamiento, capaz de reemplazar el diseño de políticas públicas, y sus consiguientes debates, por la implementación de una instancia de resolución técnica. Como reza la consigna de Freakonomics, "la moral representa el modo en que a las personas les gustaría que funcionase el mundo, mientras que la economía representa cómo funciona éste en realidad." Una síntesis difícil de superar, de la fantasía liberal de la política reducida a una cuestión técnica, el llamado "énfasis en la gestión". Ya se sabe, no habrá dilema moral ni conflicto en la sociedad que no podamos resolver con un poco de Excel, diseño web y buenas intenciones. |