Laboratorios Baigorria, investigación y desarrollo

Una excursión al proyecto artístico de Verónica Gómez: ciencia, contexto y problema.

Por Claudio Iglesias


El público bien informado y no tanto que haya concurrido a la última edición de la megamuestra local Estudio Abierto en el Palacio de Correos (fines de 2006) recordará una sala entre las tantas ocupadas con proyectos de artistas contemporáneos en aquella ocasión: la que albergaba el trabajo "Servicio de palomas mensajeras", una escala del extenso proyecto Laboratorios Baigorria S.A. de la joven artista Verónica Gómez. Un trabajo site specific, en una exposición inagotable que básicamente consistía de trabajos site specific; una obra centrada en la temática del correo, en un contexto poblado por propuestas afines; en este entorno, resultaba muy peculiar el carácter de instalación infográfica que tenía el trabajo: "Servicio de palomas mensajeras" ocupaba una sala muy pequeña, situada al margen de un pasillo y lindante con un patio interno, que en sus buenos tiempos podría haber albergado un depósito de útiles, más probablemente un módico archivo burocrático; el desembarco del proyecto en este espacio puntual trajo consigo una organización optimizada de información atinente a la disciplina de la colombofilia (cría y adiestramiento de palomas mensajeras). Convivían en la sala textos, imágenes, muebles, vestuario y objetos (entre ellos, las propias palomas) explícitamente señalados con ese afán equitativamente didáctico y cómico que es característico de Laboratorios Baigorria S.A.

En el contexto exhibitivo de Estudio Abierto, el trabajo sumaba una particularidad más: por su situación física, la sala que lo albergaba tenía la propiedad de detener o segmentar el flujo apurado del abundante público: sus reducidas dimensiones obligaban al espectador a que quedarse quieto -en un edificio cuyas proporciones y diseño de circulación hacían que fuera prácticamente imposible, justamente, detenerse. Servicio de palomas mensajeras acentuaba esta situación reduciendo aun más el margen de movimiento, proponiendo abundante texto para leer en términos de una modelización visual limpia y atractiva, pero exigente: el encapsulamiento espacial de la obra (y del espectador en ella) contrastaba con otros trabajos que se derramaban con diverso éxito sobre salas enormes, que interactuaban entre sí y con el mobiliario, las ruinas y los avatares constructivos del edificio, en una muestra que tuvo una fuerte impronta curatorial (y cuyos resultados sin embargo, por momentos, pudieron parecerse más a un aterrizaje forzado que a un diseño de montaje). El trabajo de Verónica Gómez parecía apartarse de esta pauta, instalando un espacio geométrico casi autónomo como su propia condición de posibilidad y tramitando la relación con el marco referencial de la muestra (el edificio a ser "intervenido" según la lógica dominante de Estudio Abierto) a partir de una investigación temática (la de la colombofilia) y morfológica, la de la "institución-correo", con su característica burocracia estatal grisácea. Segun el statement que escribió la artista,

      Servicio de palomas mensajeras restituye temporalmente una de las primeras formas de la comunicación a distancia, utilizada desde edades remotas con fines militares, deportivos o comerciales. Este servicio propone un recurso de enlace obsoleto, impredecible e incierto, frente a la inmediatez de las formas actuales de comunicación. Se instalará sobre el fantasma de las oficinas del Correo Central y asumirá cierta forma burocrática que subsiste en los organismos públicos. Para garantizar al visitante la calidad del servicio ofrecido, Laboratorios Baigorria S.A. expondrá una serie de estudios sobre el comportamiento de la paloma mensajera.

La obra contaba con un fuerte componente comunicacional, bien asentado en la declaración programática del statement, y se ofrecía a la vez como una infografía sobre el arte de amaestrar palomas, una exhibición didáctica de los quehaceres de una empresa y un memorial arqueológico sobre el entorno laboral típico de los organismos estatales. Pero, para un espectador ya entendido en el trabajo de Verónica, seguramente lo más llamativo fue la perfecta conjugación entre el proyecto de la artista y la demanda postulada por el contexto: la declinación de una obra de largo aliento, con una historia interna llena de pautas y contenidos propios, en relación con sus propias condiciones externas y puntuales de exhibición: Laboratorios Baigorria S.A. es, en efecto, la historia de una institución ficticia y corporativa, dirigida con mano de hierro por la igualmente imaginaria doctora Baigorria (Verónica Gómez aparece como su "asistente"), y ya familiarizada con todo tipo de emprendimientos mixtos, trabajos off shore y de transferencia y colaboración con instituciones públicas y privadas: la marca Baigorria cuenta en su haber con experiencias remarcables en la galería Appetite, en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, trabajos en colaboración con Rosa Chancho, etc. Quien conozca de cerca el trabajo o tome la determinación de investigarlo encontrará en todos estos casos una llamativa constante: la capacidad de hacer eco y dar respuesta desde la obra a la problemática planteada por fuera de ella, desde una institución, una curaduría o la contigüidad de otras obras y, en esta medida, absorber el entorno y dialogar sobre cualquier tema dado; simétricamente, es muy palpable también la consolidación del proyecto de la artista, perfectamente reconocible y, en cierto sentido, ya conciente de sí mismo.


Laboratorios Baigorria S.A. con Rosa Chancho


En un plano más netamente morfológico, resulta llamativo que, en la mayoría de los casos, también, esta capacidad de negociar problemas y conceptos con el ambiente institucional y físico se vea acompañada por el gesto formal opuesto: Laboratorios Baigorria participa con notable éxito en trabajos colaborativos, así como en propuestas curatoriales y exhibitivas plurales, a condición de asentar claramente los límites de su soberanía en términos toponímicos: en un sentido volumétrico muy preciso, el trabajo de Verónica Gómez parece necesitar de ese espacio cerrado y pequeño, incómodo incluso, característico de un gabinete de investigación o un laboratorio de bajo presupuesto. La sensación de aislamiento es buscada, explícita, casi incondicional: incluso en el caso de la muestra en el MACRo, que cuenta con salas relativamente amplias, las dimensiones habitables del trabajo se limitaron a un espacio cercenado mediante tabiques, retomando el efecto cubicular requerido y la necesaria cercanía del espectador con la serie de elementos propuestos. Los resultados y la exigencia de deslindar un terreno para inmediatamente hiperpoblarlo de información son variados: al tiempo que le aseguran a la artista el control sobre el material que está exponiendo, resultando capaz incluso de examinarlo desde los contados puntos de vista que le ofrece al público, acrecienta en este último la sensación de espacio secreto y corporativo que corresponde a una empresa cuya agenda varía en los contenidos aunque resulta siempre tendencialmente clasificada: la ingeniería genética, la experimentación con especies animales, la vida extraterrestre, etc.


Laboratorios Baigorria S.A. ("Macro Extraterrestre", septiembre - octubre de 2007)


Parece haber cierta sintonía entre la capacidad para dialogar con otras obras, otros artistas y otros proyectos (que constituye, sin duda, uno de los puntos fuertes del trabajo) y esta conspicua necesidad de aislarse, aclarando las coordenadas de la propia esfera de acción en contextos exhibitivos en los que este deseo puede cuestionarse explícitamente desde un punto de vista conceptual previsible o, más a menudo, resultar imposible por factores físicos, materiales o presupuestarios. Y es posible que, en esta medida, Laboratorios Baigorria tenga mucho que enseñarnos en cuanto a las posibilidades y formas de inscripción del proyecto particular de un artista en el sistema del arte tal como lo conocemos hoy en día: no sólo en cuanto a sus coordenadas problemáticas y su acopio de soluciones formales, sino también en el sentido más expandido de hacer accesibles para el público una cantidad de cuestiones que tocan a la relación que se establece entre una obra y el entorno que le procura sus condiciones materiales de circulación, entre los artistas entre sí, entre los artistas y las instituciones. Quizás la "institución-ficción", la empresa de la doctora Baigorria, sea el complejísimo recurso que permite hacer viable en términos exhibitivos estos problemas, y ésta puede ser una de las claves más útiles de este trabajo que tan silenciosamente se ha instalado entre nosotros.


Obra y muestra

Remontémonos todavía a una etapa anterior: la exhibición "El conejo. Estudios preliminares" en la galería Appetite (agosto y septiembre de 2006), muestra que constituyó, sin dudas, la cabeza de puente de la avanzada de los Laboratorios en la escena local, y también una primera instancia de aproximación al contexto exterior de parte de un proyecto ya largamente existente, focalizado en su propia capacidad de sustento y reproducción, en una sala de tres metros por tres que funcionó como único espacio del proyecto a lo largo de tres años y que, según dice Javier Villa en un texto escrito con motivo de aquella muestra,

      ...no sólo le permitió a la institución construirse su propio contexto de existencia, sino que también fue tejiendo de a poco un marco simbólico para que las piezas dentro del conjunto sean más que parcialidades dentro de un corpus y formen parte de una entidad inexhibible. Esta entidad inexhibible evidencia lo obsoleto que para cierto tipo de trabajos pueden resultar los mecanismos de puesta en escena del circuito contemporáneo. Si bien el laboratorio se traslada por primera vez desde su sede central a una sede temporaria, la obra (Laboratorios Baigorria S.A.) excede a su muestra (El Conejo. Estudios preliminares).

En este texto se integran bien las distintas perspectivas según las cuales un proyecto puede leerse a partir de la relación que establece con su horizonte externo: lo llamativo es que, desde el comienzo mismo de su saga exhibitiva, Laboratorios Baigorria S.A. se propuso y fue leído como un trabajo que pone el acento en las condiciones de circulación del arte, en su formalidad e independencia con respecto a contenidos que en sí mismos pueden variar o prescindir, incluso, de exposición alguna; desmarcándose del viejo dictum según el cual el arte es "lo que se exhibe como arte", esta perspectiva centrada en el elemento inexhibible, incluso si logra superar diametralmente la escala media de los lugares comunes sobre arte contemporáneo, incluye el módico riesgo de preguntarle a la obra por su ser-obra y acabar discutiendo sobre la "naturaleza" de las exhibiciones de arte. Cuando lo llamativo en este punto es que Laboratorios Baigorria nunca proponga reflexiones generales al respecto; es fehaciente la distancia entre el proyecto tomado en sí mismo y los medios y recursos que emplea, las escenas que ocupa (la diferencia entre la obra y la muestra, en términos del texto de Villa), pero esta diferencia nunca aparece resuelta en tópicos generales, mucho menos en una toma de posición respecto a los espacios de circulación existentes o en una propuesta "alternativa" con respecto a ellos. Puede haber una enseñanza allí, tomando en cuenta el nivel habitual de la discusión sobre el circuito exhibitivo (en la cual la disidencia con respecto a las condiciones reales de circulación, de parte de proyectos con una fuerte prosapia política incluso, genera el contradictorio resultado de abandonar varias yardas de terreno en manos del antagonista con el que presuntamente se quiere polemizar).


Ficción, finalidad y contexto

Por otro lado, no deja de haber algo paradojal en un trabajo que sistemáticamente se dice diferente de sus distintas instancias de exposición y que, sin embargo, las atraviesa y utiliza de una manera francamente abierta y por decirlo así orgánica: según dice la artista, la obra total debería poder leerse como un libro, cuyos capítulos corresponderían a sus etapas exhibitivas. Y así la idea de libro aúna el binomio "obra; muestra" a partir del uso de un recurso ficcional modular, portable en su expresión mínima y capaz de reaccionar e implementarse de modos extremadamente diversos, frente a temas también muy diferentes; este recurso ha sido puesto de relieve por los textos (pocos, pero útiles) que se escribieron sobre Laboratorios Baigorria. En efecto, una pregunta que quiera inmiscuirse de lleno en el trabajo de Verónica Gómez no puede pasar por alto su fuerte impronta ficcional y textual, pero tampoco desentenderse del hecho de que el instrumental narrativo permite articular problemas y soluciones por fuera de sí mismo, en relación con contextos y demandas específicos. La pregunta sería, entonces, ¿para qué puede ser útil una ficción?

Antes de responder esta pregunta y tomar incluso en consideración la presencia en Laboratorios Baigorria de núcleos temáticos discretos vinculados con prácticas científicas, me gustaría resaltar una distinción conceptual que corresponde a la epistemología, y que diferencia entre historia interna y externa de una disciplina científica cualquiera. Se distingue de este modo entre el desarrollo científico intrínseco a un campo de estudio (el drama de los experimentos, los métodos, las teorías, los descubrimientos, etc.) y, por otro lado, el conjunto de condiciones institucionales, económicas y culturales que tienen injerencia sobre la producción de ciencia: así, p. ej. los asuntos lógicos que postula la máquina de Turing corresponden a la historia interna de la computación teórica, mientras el desarrollo concreto de su investigación es impensable por fuera de los proyectos militares que le dieron cabida. Del mismo modo, Laboratorios Baigorria ha de ser leído en relación con su progresión endógena y a la vez remarcando los avatares de su contacto con el exterior, su "contexto de investigación": así se morigera el riesgo implícito en la idea de "ficción investigativa" que parece venir naturalmente a la hora de pensar el proyecto (y que resulta igualmente plausible para una novela de Rodolfo Walsh como para los modernísimos unitarios periodísticos de la televisión argentina, es decir, para cosas que poco tienen que ver entre sí): reconocer temas científicos en una obra titulada Laboratorios Baigorria tiene su mérito, pero más importante es reconocer que la ciencia, tal como la conocemos, se caracteriza por su inscripción social y por su interacción con demandas contextuales específicas. Situémonos en este punto: una obra que se propone científica, ¿no requiere de una lectura epistemológica?

A tal punto que, por definición, las investigaciones que desarrolla la doctora Baigorria pueden leerse como trabajos de ciencia aplicada; lejos de la teoría básica y de la introspección especulativa, los movimientos de su gabinete avanzan en la dirección de problemas externos puntuales: en el caso de la muestra en Appetite, en palabras de la artista, se trató de "esclarecer la súbita aparición en la galería de colonias conejunas" (recordemos la colindante muestra de Nicanor Aráoz); "Servicio de Palomas mensajeras" ofrecía un proyecto tipo I+D, con una tecnología (la de la mensajería basada en el uso de palomas) examinada de modo exhaustivo: obsoleta y, cómicamente, en estado de prototipo; la obra en el MACRo es más directamente elocuente, ya desde su título: "Estudios acerca de la presencia alienígena en la zona de Victoria y sus alrededores". Títulos verdaderamente tratadísticos, con un dejo decimonónico y simultáneamente urgentes; en efecto, es tan obvio que las formas de vida que los Laboratorios eligen investigar forman parte de un hábitat contextual bien determinado en cada caso como el hecho de que sus investigaciones parecen motivadas en necesidades aplicativas de primer orden. Fáusticamente, Verónica Gómez parece interesarse por el amplio mundo: todo le interesa, todo puede ser eventualmente estudiado. Pero el tono de los títulos, de los statements y de los textos que componen las exhibiciones tienen cierta vocación de resolver problemas verdaderamente importantes, y de encontrar soluciones y respuestas verdaderamente útiles. Tomando en cuenta que hablamos de arte contemporáneo, "ficción" parece una palabra insuficiente: quizás podría hablarse de utopía.


Sistema: instrumentos, organización

El tema de la utilidad y la relación entre medios y fines, siendo indisociable de lo que propone el trabajo, recibe una articulación compleja, que amerita un tratamiento detenido; lo notorio es que esta relación puede recorrerse en varios sentidos: la marcada adecuación al contexto exhibitivo se compensa por el intenso trabajo de edición de material en relación con cada tema, generalmente como resultado de un trabajo de campo. La interacción partitiva entre un conjunto de datos entrantes y un sistema formal para procesarlos define el resultado expuesto: se trate de alienígenas, conejos o cualquier otra especie, los Laboratorios aplicarán una sintética librería de recursos: mesa, estantes, paneles, jaulas, frascos, probetas... (la lista no es exhaustiva). La conjugación de estos utilitarios en relación con el contenido varía, aunque su funcionalidad puede más o menos definirse: la mesa de trabajo constituye normalmente el centro de gravedad de toda la organización: hacia ella confluye y desde ella se organiza el espacio. El estado de desarrollo de una investigación se define por lo que ocupa la mesa (normalmente iluminada por luz eléctrica directa y fuerte): allí conviven las fuentes (libros, p.ej.), con distintos prototipos y herramientas; en la estantería, mientras tanto, descansa el instrumental a ser utilizado, y eventualmente un acopio de experiencias anteriores o frustradas. En una y otra hay habitualmente todo tipo de frascos, probetas, matrices y demás recipientes utilizados en la experimentación. Los paneles constituyen aplicaciones directas de textos e imágenes sobre la pared: al interior del trabajo de laboratorio, funcionan como recordatorio o clipboard, proporcionando datos relevantes que siempre deben estar a la vista; pero cumplen también una función de historial del proyecto en términos generales: reportes de maniobras previas, bitácoras, infogramas, memos, conflictos entre los empleados: todo se detalla. La panelística de fotografías y textos contiene información de estado, pero no sólo sobre el proyecto puntual que se desarrolla, sino sobre la totalidad de las tareas de los Laboratorios. En gran medida, opera como recurso de autodocumentación, y suele remitir recursivamente de una etapa (de una muestra, de un capítulo) a otras.


Estudios sobre la presencia alienígena en la zona de Victoria (MACRo)


En efecto, Laboratorios Baigorria S.A. es, como su nombre lo indica, una empresa, y en esa medida requiere la producción, clasificación y permanente circulación de información entre sus distintas partes. El trabajo gana contenido como obra sobre instituciones ("institución-ficción") en la medida en que acentúa la presencia exhibitiva de material de comunicación interna. Sin contar con una intranet ni nada semejante, el principal recurso comunicativo entre los cuadros ejecutivos y técnicos es el memo, con su gráfica característicamente obsoleta y sus marcas burocráticas afines (firma, sello, etc.). Esta inscripción textual y formal de lo que ocurre en los Laboratorios caracteriza también sus relaciones con otros artistas: todo se firma, todo se hace por contrato, de todo se deja constancia. Una porción considerable del material discursivo de la obra circula por este medio: las desavenencias de los proyectos, las faltas de los empleados, los reclamos de parte de la directora, todo perfectamente compilado y a la vez con un efecto general de desborde y caos organizativo; la voluntad de clasificación y archivismo corre pareja con su permanente fracaso: en las exhibiciones de Laboratorios Baigorria S.A. nunca faltan legajos imposibles, empleados ausentes o con tendencia al haraganeo, tareas inclumplidas por doquier y un sentido clima de desarreglo gerencial que contrasta con la tan definida sintaxis objetual y morfológica de las instalaciones (al punto que se diría que la doctora Baigorria es notablemente más ineficiente que su propia asistente).


Galindo trabajando en Laboratorios Baigorria S.A.


El desorden administrativo, el fracaso en los desarrollos, la falta de recursos, la precariedad de las condiciones de trabajo, la obsolescencia generalizada de los medios técnicos: a los ojos de un auditor crediticio, éstos serían los principales problemas de la institución. Y, tomando en cuenta que hablamos de arte contemporáneo, podría encontrarse un sustrato de discurso con respecto a las condiciones locales de producción, exhibición y circulación en esta ringla de predicados. En efecto, más que de institución-ficción deberíamos hablar de institución-fracaso, y analizar por esa vía lo que Verónica Gómez puede estar diciéndonos sobre nuestro tejido expositivo: pues así como su obra no cuestiona el "sistema exhibitivo" en el sentido de que no formula ningún reclamo relacionado con la barbarie etnocentrista del cubo blanco, o con la malvada primacía de la objetualidad, etc., lo que más bien parece sugerirnos con constancia es que nuestras instituciones adolecen de estrangulamiento financiero, obsolescencia, ineficacia, si no directamente inexistencia. Y éste sí es un problema concreto, que merece ser discutido: el Museo del Invento Contemporáneo que la artista propuso para la edición 2007 del premio arteBA-Petrobas parece llamar la atención en el mismo sentido.


Valor de mercado

Otro factor converge con el anterior y acentúa el potencial crítico-irónico de la obra: el carácter sustancialmente comercial del emprendimiento de la doctora Baigorria, es decir, el hecho de que las investigaciones que propone se ofrezcan como un servicio o lo prometan: investigar para producir o, en una jerga más técnica, para productizar: para hacer mercancías en serie con el resultado de las investigaciones. Y ésta es una curiosidad muy atendible, si pensamos en la actualidad no sólo de la investigación científica a nivel mundial, sino también de la misma práctica artística: una vez que nos aseguramos de proscribir la "materialidad" de la obra de arte como algo anacrónico o limitar su ciclo al reservorio fósil, lo que debemos preguntarnos es hacia dónde muta el valor de mercado del trabajo de los artistas; en un contexto internacional tan hospitalario para con la "investigación artística", las clínicas y residencias, la colaboración entre universidades y artistas, entre fundaciones patrocinantes, artistas y proyectos de investigación científica y tecnológica, etc., etc., parecería ser que Laboratorios Baigorria está diciéndonos algo también en ese sentido, incluso con un explícito caudal de parodia: ¿qué está ocurriendo con este modelo de artista - investigador - gestor cultural al cual se le abren simultáneamente todas las puertas del cielo? Desde su transhistórica obsolescencia estilística (ignorante del branding y de la ciencia de los recursos humanos) la "sociedad anónima" de la doctora Baigorria parece poner en evidencia el fundamento mercadotécnico de estas propuestas que ganan simultáneamente pertinencia crítico-académica y plausibilidad exhibitiva. Porque, incluso partiendo de un parámetro esencialmente ficcional, lo que Verónica Gómez propone, en términos crudos, es que una empresa puede participar de una muestra, presentar proyectos a concursos y productizar sus desarrollos para hacerlos aptos en el mercado. Debió ser un cronista extranjero del site artinfo.com quien diera una descripción bastante vívida de este elemento corporativo, conflictivo y descarnado de la exposición en Appetite:

      The first thing I picked up in the installation was a magazine, El Gazapo, Argentina's first magazine only about rabbits. At first I thought it was a spoof, but it turns out to be the real thing. Next I thought El Gazapo must be a magazine about keeping rabbits as pets (for a logo, there is a grinning, Bugs Bunny-type creature and a pair of cuddly little cuties on the front cover). But then I noticed that the leading article was all about how good rabbit meat is for you, and there was all kind of helpful advice on how to skin and cook your furry friend. The exhibition contains genuine letters of correspondence between the Laboratory and rabbit-breeding companies; and a video of a rabbit being put through all manner of bizarre tests to see if it makes a fit and able human companion (footage includes a colander moving across the table with a bunny underneath and a deadpan dreadlock bunny, with a pair of clothespins attached to its ears).

La doctora Baigorria no se pregunta si el conejo es lindo o feo, moderno o contemporáneo, etc., sino para qué puede servir y, en un sentido más restringido, qué negocio puede hacerse con él. Y no es necesario ser un particular amante de los lepóridos (en su acepción de mascotas) para poder reconocer un elemento dramático deliberado en el papel que al conejo le toca jugar: otro tanto puede decirse de las palomas ("productizadas" como medio de comunicación) y, de haberse encontrado alienígenas en la zona de Victoria, previsiblemente hubieran tenido ellos también un destino poco prometedor.

En este punto el elemento positivo y casi modernista planteado por la relación entre contexto y proyecto de investigación adquiere un matiz oscuro, distópico: el destino del conejo es, en el fondo, el de cualquier cosa tocada por el Rey Midas del valor de cambio: los experimentos a los cuales se ve sometido no se diferencian esencialmente de la enorme batería de técnicas de investigación que se aplican habitualmente sobre los seres humanos para reconocer sus pautas de consumo, de trabajo, de vida, de experiencia, con el objetivo eminente de permitirle a una empresa aumentar la productividad o el volumen de ventas. Como supo decir Bruce Sterling, "cualquier cosa que se le pueda hacer a una rata se le pueda hacer a un ser humano".


El Conejo. Estudios Preliminares (Appetite)


¿Puede entonces buscarse una crítica de la ciencia o de las instituciones en el trabajo de Verónica Gómez? Sería extremadamente necesaria la precisión en este punto: siendo innegable que la obra propone una reflexión profunda al respecto, debe ponerse de relieve que el tema examinado por la artista no es tanto la naturaleza o las formas de la investigación (o del arte: en este punto son sinónimos) como sus fines y usos sociales. Precisamente, lo que no hay en ningún caso es un cuestionamiento formal con respecto a los medios (entendidos como tales) que provee la investigación: se diría que el problema formal es lo primero que resuelve Verónica Gómez al ponerse a trabajar, situando la atención en otro lado: en la medida en que la conformación conceptual y procedimental de Laboratorios Baigorria preexiste en términos temporales y lógicos a sus distintas exposiciones, cada una de ellas articula una cantidad de preguntas de primer orden, necesariamente relacionadas con el contexto exhibitivo, geográfico, social. Y en la medida en que una obra nos permite llevarnos estas preguntas de regreso a casa, vale la pena visitar una exposición.



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